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Iglesia de Santa Catalina de Pozondón

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Fachadas de la iglesia parroquial de Santa Catalina

Data del siglo XVI, en la que se conservan interesantes retablos de los siglos XVII y XVIII. Tiene aspecto de fortaleza con la torre a los pies rematada con almenas.

Su exterior asemeja a la de un castillo con su torre almenada (imagen superior). La arquitectura es de planta basílical con la portada decorada. De su interior destacamos el retablo mayor del s. XVII, y los retablos de los siglos XVII y XVIII. El más antiguo, según señala Santiago Sebastián, es el de Santa Ana, ya que fue pintado por Jerónimo Moya y estaba terminado en 1592. De esa época es el dedicado a la Virgen del Rosario. La cruz parroquial data igualmente del siglo XVI.

Descripción

Construida en mampostería con sillares de arenisca en las esquinas. Tiene tres naves, las laterales se acusan al exterior y se adosan a la altura del crucero también acusado y cubierto con tejado de tejas pintadas en azul y amarillo, la nave central se cubre a dos vertientes es de testero recto y con cornisa moldurada de arenisca. En el testero de la nave del lado izquierdo hay una ventana con reja de forja; uno de los accesos a la iglesia está tapiado con puerta de entrada bajo arco de medio punto rematado por cinco pináculos piramidales. Portada en el lado izquierdo, reforzada por sillares de arenisca, arco de medio punto con dovelas molduradas y con motivos circulares y romboidales en relieve, impostas estriadas, enmarcado por columnas de fuste estriado que apoyan en pilastra cuyo capitel es de motivos figurados, encima frontón triangular que tiene en el tímpano tres hornacinas de medio punto y bóveda avenerada; la puerta es de madera con clavos de forja romboidales.

La torre se adosa a los pies de la nave central, consta de dos cuerpos y remate separados por cornisa de cincha, en el primero ventana enmarcada por sillares, en el segundo se aloja el campanario. Tiene dos vanos de medio punto en cada lado, en el remate seis almenas a cada lado coronadas por pináculos de piedra en forma piramidal.

En su interior la nave central se cubre con bóveda de crucería, la lateral con bóvedas de crucería y de medio cañón con lunetos, el crucero con cúpula sobre pechinas, la separación de naves se realiza con pilares cruciformes a los que se adosan medias pilastras o medias columnas, en el pilar del presbiterio (lado izquierdo) hay una imagen de madera policromada adosada así como en el siguiente que está la imagen de San Miguel, del siglo XVIII.

Retablo y altar mayor

En el presbiterio, retablo de Santa Catalina que consta de dos cuerpos, tres calles, remate y predela: en la calle central hornacina de medio punto avenerada con la imagen de Santa Catalina en madera policromada con manto sobredorado, debajo sagrario. En la calle de la derecha, primer cuerpo: hornacina flanqueada por columnas con decoración floral en la base y estriada en el resto con sentido helicoidal, contiene la imagen de San Pablo en madera policromada; en el segundo cuerpo hornacina con imagen de santo, flanqueada por pilastra y columna de capitel compuesto. En la calle izquierda, primer cuerpo: hornacina con la imagen de San Pedro flanqueada por columnas con igual decoración que al otro lado, en el segundo cuerpo otra imagen de madera policromada en hornacina. El remate con calvario en relieve flanqueado por aletas acabadas en róleos. La predela con dos altorrelieves en madera policromadas alusivos al martirio de la santa titular. Es un retablo con rasgos manieristas del siglo XVII.

En las paredes laterales del presbiterio hay un lienzo de la Inmaculada del siglo XVII y otro del nacimiento del niño del siglo XVIII.Las naves laterales contienen retablos en sus paredes, en el lado izquierdo están los siguientes:

Retablo del Cristo, de madera policromada, es cruciforme y contiene un Cristo en media hornacina con adornos sobredorados y fondo pintado con paisaje nocturno, en el remate medallón central coronado por palmeta y haz de rayos. Sobre el altar están las imágenes de la Virgen de los Ángeles en madera policromada, algo mayor de tamaño y del siglo XVIII.

Retablo de la Virgen del Rosario, de madera policromada imitando mármol en tonos marrones y grises. Una sola calle y cuerpo, en el centro hornacina de medio punto que contiene la imagen de la titular, a cada lado de la misma la imagen de Santa Teresa y la de Santo Domingo Guzmán, en los extremos columnas de fuste liso y capitel compuesto; un entablamento de línea quebrada rematado por róleos con querubines en las esquinas sostiene el remate que tiene una hornacina con la imagen de San Pascual Bailón. En la predela, hornacina central con adorno exterior sobredorado que contiene una imagen del Niño de la Bola en madera estucada y policromada. Es un retablo dieciochesco.

Retablo de Santa Ana, de madera sobredorada con tablas policromadas, consta de un cuerpo, tres calles, remate y predela. En la calle central tabla de la Virgen con Santa Ana y Niño flanqueada por pilastras con decoración florar y capitel jónico; las calles laterales con dos tablas cada una pintadas con santos, en los extremos columnas de fuste liso y estriado con capitel jónico; friso con decoración de querubines y guirnaldas, en el remate tabla enmarcada por pilastras con decoración floral, aletas acabadas en róleos; en la predela tres tablas la central enmarcada que representa a San Joaquín. Retablo pintado por Gerónimo Moya y terminado en 1592. A modo de sotobanco tiene un añadido posterior donde se abren tres urnas con interior pintado, en el centro (sagrario) con motivos geométricos, en el lado derecho hay una luna y en el izquierdo un sol con nubes, la hornacina contiene una cabeza de la Dolorosa de cartón encerado y pintado.

Retablo de la Virgen del Pilar, en madera policromada donde abunda el sobredorado, consta de un cuerpo, tres calles, remate y predela; en la calle central hornacina de medio punto enmarcado con la imagen de Santa Catalina en madera policromada, en las entrecalles estípites de tres cuerpos con cabezas humanas, en las calles laterales dos tablas a cada lado con motivos de santos y vírgenes en marcos con decoración en relieves coronados por cabezas de querubines, en los extremos pilastras con decoración floral en relieve. Cornisa de línea quebrada, en el remate tabla enmarcada con pilastras a los lados, se corona con un medallón decorado con cabeza de querubín a los lados aletas con decoración vegetal. En la predela hornacina central con la Virgen del Pilar, a los lados tablas en marcos. En un retablo del siglo XVII. Sobre el altar dos relicarios en forma de brazo de madera sobredorada, del Casto Martín y de San Clemente Mártir.

Retablo de las Almas, situado a los pies de la nave, un lienzo con el motivo de las almas en marco de madera sobredorada con decoración floral en relieve, se remata con otro lienzo flanqueado por columnas de fuste liso y estriado que sostienen frontón triangular, a los lados aletas con decoración florar. Retablo del siglo XVII.

En el lado derecho:

Retablo de la Virgen de los Ángeles, de madera estucada y policromada, un solo cuerpo de orden gigante con la imagen de la titular en altorrelieve en doble aureola floral con ángeles, flanqueada por dos columnas de fuste liso y capitel compuesto que sostiene un entablamento y frontón curvo partido coronado por dos florones y remate con orla floral en el centro. En la predela hornacina de línea curva y recta con la imagen de San José. Retablo típico dieciochesco, situado en la cabecera de la nave.

Retablo viejo de la Virgen del Rosario, en madera policromada con tablas, consta de tres calles flanqueadas por cuatro columnas de fuste estriado y pintado abajo con motivos vegetales, un cuerpo, remate y predela. En la calle central hornacina de medio punto con la imagen de la Virgen del Rosario; en la calle derecha tres tablas que representan la presentación de la Virgen en el templo, la Visitación de la Virgen a Santa Isabel y la Anunciación. En la calle izquierda la Adoración de los Reyes Magos, la Resurrección y la Coronación de la Virgen. En el remate tabla pintada con el Calvario entres dos columnas de igual decoración que las anteriores sosteniendo un frontón triangular con tres pináculos y tímpanos pintado, aletas también pintadas. En la predela tres tablas. Es un retablo de finales del siglo XVI probablemente.

Retablo de San Pedro, de madera policromada, hornacina central de medio punto que contiene la imagen de San Pedro sedente, a los lados fuera de la hornacina dos ángeles, en el espacio que deja el arco decoración en relieve; dos columnas de fuste liso y capitel compuesto sostienen un entablamento rematado por frontón curvo partido en el centro con remate lobulado. Retablo rococó.

En el primer pilar del lado derecho está instalado el púlpito que es de madera policromada y con sobredorados. En las naves laterales los confesionarios son de madera con alguna decoración en relieve y pintada. La pila bautismal, al final de la nave de la derecha es de madera concebida a modo de armario con puerta de dos hojas con inscripciones bautismales, en el interior con pinturas geométricas. Sobre la puerta de entrada se aloja el órgano con balaustrada de madera.

Pila Baptismal

Coro alto a los pies con sillería de madera policromada, atril giratorio de forma piramidal.

La sacristía del lado izquierdo del presbiterio contiene: una mesa barroca pintada en rojo con decoración floral en el frente y patas doradas. Un arca de madera pintada en rojo y pan de oro con interior estucado en azul con estrellas doradas, en el frente un sol a la izquierda, cáliz en medio y otro sol a la derecha, contiene objetos liturgicos. En la antigua sacristía se guardan las imágenes procedentes de las ermitas, son de madera policromada de unos 50 cm. y de estilo barroco.

La construcción de esta iglesia data de mediados del siglo XVI, en el siglo XVII se amplía por la cabecera.
Objetos de orfebrería pertenecientes a esta iglesia: cáliz, copón, crismeras, custodia y cruz parroquial.

Una valiosa custodia

Descipción de Rafael Herrero Cortés

…/… La iglesia parroquial

A esta iglesia primitiva debe referirse Tomás Laguía al decir que “la noticia más antigua que tenemos de esta parroquia es del año 1358, con ocasión de una apelación de los rectores del territorio contra una resolución del obispo don Elías. Entre los firmantes figura Pedro Noguera, rector de Pozondón. Había pues un sacerdote en esta aldea cuando todavía no estaba construida la iglesia actual.

Sin duda se refiere igualmente a aquella iglesia cuando dice que “La más antigua capellanía que conocemos fundada en la iglesia de Pozondón fue la que el 7 de diciembre de 1517 se instituyó en la capilla de santa Quiteria en ejecución del testamento otorgado por Lorenzo Sánchez, el 1 de abril del mismo año” Tengamos en cuenta que al no estar construida en aquellas fechas la iglesia actual, que se construiría 41 años después, la capellanía fundada tuvo que estar forzosamente en una iglesia anterior.

Hay también otros indicios que nos lo confirman. Todos conocemos que en la Edad Media los cementerios estaban junto a las iglesias, normalmente a su entrada, como ocurre todavía en algunas antiguas parroquias de Galicia. Y en Pozondón, al cavar hace unos años dentro de la iglesia para poner en entarimado actual, se descubrieron restos de varios enterramientos, lo que nos indica que debió haber una antigua iglesia en ese mismo lugar con un cementerio anexo, aunque posiblemente debió ser de pequeñas dimensiones por la escasa población que tenía por entonces Pozondón. Tomás Laguía decía en el mismo libro al hablar de la antigua iglesia de Torres, que ‘como todas las de la Sierra, sería modestísima”

Con los datos citados podemos concluir, diciendo que hubo una iglesia primitiva en Pozondón, aunque no tengamos referencias escritas de ella, y nos atreveríamos a decir que debió ser construida entre 1170 en que comienza el Señorío cristiano y los poblamientos que se hicieron en tiempos del primer Señor, D. Pedro Ruiz de Azagra, y el año 1172 en que aparece ya como parroquia. En cualquier caso, tenemos la certeza de que la actual, bajo el patronazgo de Santa Catalina de Alejandría, cuya imagen preside el altar mayor, es del Siglo XVI y más concretamente del año 1558. Esta es la fecha que podemos leer en la propia torre, bajo un rosetón labrado sobre una piedra de rodeno, colocada entre las dos oquedades que hay para las campanas mirando desde la entrada al templo.

La iglesia tiene cierto aspecto de fortaleza, especialmente por la torre de planta cuadrangular adosada a la izquierda de su fachada principal, de mediana altura, que está rematada por seis pilastras piramidales a cada uno de sus lados, de carácter decorativo, que nos recuerdan a las almenas de un castillo. En su parte inferior está el coro de la iglesia.

En la torre se abren un total de siete huecos destinados a las campanas, dos a cada lado, excepto a la parte posterior o septentrional en la que solo hay uno. Pero únicamente tuvo y tiene en la actualidad una campana que recae hacia la fachada principal y dos en el lateral izquierdo, hacia el Oeste. No se aprecia ninguna señal que indique que en épocas anteriores hubiera otras, ni tenemos documentalmente noticias de más campanas, a excepción de un pequeño “campano” que en tiempos no muy lejanos ocupó el hueco que queda libre hacia el Sur , y que actualmente se encuentra guardado en la sacristía. En otro lugar hablamos de todas sus campanas.

La portada de la iglesia es de estilo renacentista, catalogada por algunos autores como manierista, estilo arquitectónico que se desarrolló en España desde la tercera década del Siglo XVI hasta 1600 aproximadamente. Tiene la puerta de acceso bajo un arco de medio punto de piedra de rodeno, decorado con figuras geométricas esculpidas en sus dovelas. A los lados se levantan dos pilastras estriadas y en la parte superior, en el frontispicio triangular clasicista, tiene tres hornacinas que en tiempos pasados debieron estar ocupadas por imágenes de santos, hoy desaparecidos totalmente sin dejar rastro alguno, pero es de suponer que al menos la central estaría destinada a la patrona y titular del templo, a Santa Catalina.

La iglesia consta de tres naves con bóveda de crucería, siendo de mayor anchura la central. Tiene un cimborrio octogonal, con teja rojiza y azul, con vidrieras circulares policromadas en sus ocho caras, que iluminan la parte anterior de la nave central próxima al presbiterio.

En la parte delantera de la fachada principal se abren dos ventanales también circulares con vidrieras de figuras geométricas, policromadas como las del cimborrio, con predominio del color azul, que proporcionan luz al interior. Desde fuera se observan otros ventanales similares, actualmente tapiados, situados en la parte frontal y posterior, sin que conozcamos desde cuándo están cerrados estos huecos.

Al construir la iglesia actual, el cementerio pasó, como era costumbre, a la parte delantera de la misma, al lugar que actualmente se conoce como “El Corral de la Iglesia”, en el que estuvo durante más de dos siglos hasta su traslado posterior, según veremos.

Este recinto está cerrado por un alto muro, accediéndole al Corral a través de un portalón que se abre bajo un arco de medio punto, de rodeno como era habitual en Pozondón, y coronando al mismo se elevan cinco pilastras piramidales de base cuadrangular, similares a las de la torre, a modo de almenas. Actualmente han desaparecido la puertas, pero todavía se conserva el muro y el arco de entrada, en el que se pueden observar los huecos de anclaje de sus jambas a ambos lados.
La iglesia construida en 1558 debía resultar demasiado estrecha y pequeña para los habitantes que había en el lugar. Las cifras de población difieren mucho según de dónde se tomen, pero creemos que estaba alrededor de las 400 personas, ya que unos cincuenta años después, en los comienzos del Siglo XVII eran 420 y a mediados de siglo había descendido a 400 según nos dice Tomás Laguía.

Al aumentar la población y resultar la iglesia demasiado pequeña, en el Siglo XVIII decidieron los habitantes de Pozondón reformarla, alargándola por la parte del altar mayor. César Tomás Laguía aporta un documento del 10 de julio de 1774, día en que el obispo D. José Molina Lario y Navarro visitó la parroquia, en el que entre otras cosas decía:

`Habiendo visto la estrechez de esta Iglesia y no estar con la proporción debida e informados por sujetos inteligentes que con solo alargar la Capilla Mayor será suficiente y un gasto proporcionado conforme a las fuerzas de la Fabrica: Concedemos licencia al Retor y Patronos de ella para que puedan hacer esta obra con la precisa diligencia de que dicha obra se hay de subastar y preferir al que mas conveniencia haga según dispone la ley sinodal”`.

En el mismo escrito el obispo exhortaba a los parroquianos, tanto a los hombres como a las mujeres, para que colaboraran en las obras, y también con caballerías para llevar los materiales ‘en los días que no se siga perjuicio a sus casas y en los días de tiesta, pues para ello le damos nuestra licencia y permiso… “

Como consecuencia del informe antedicho del obispo, se celebró una reunión en el Ayuntamiento el 2 de Octubre del mismo año, convocada por el rector, a la que asistieron “los señores Dn. Miguel Valero, Retor, Mn. (mosén) Juan Martínez, Mn. Salvador Ximenez y Mn. Juan Blasco, residentes en la Iglesia parroquial de dicho pueblo, y los señores Pedro Moron, Pedro Martinez, Blas Ximenez, Juan Herz. Sebastián, alcaldes, regidor y síndico procurador general de dicho pueblo, como así mismo Juan Valero, diputado del común y otras singulares personas del pueblo… >’ y acordaron ‘que se hiciese dicho alargo”.

Las condiciones eran que los vecinos tenían que sacar y llevar la piedra, llevar la cal y el casquijo para amasarla, cortar y llevar la leña a la calera, arrastrar la madera, llevar el yeso y leña para quemarlo, llevar la teja y el ladrillo, y sacar la enruna.

El 15 de Marzo de 1775, sigue diciendo César Tomás Laguia, que el Cabildo de Albarracín presentó una demanda contra el rector (sacerdote) de Pozondón y contra los patrocinadores que querían ampliar el templo, por considerar que la ampliación era innecesaria, y perjudicial para el templo la obra a realizar, y porque según decía la iglesia es muy sólida y muy capaz para el pueblo que en este siglo no ha aumentado en vecindario y ha sido suficiente por muchos siglos”.

A pesar de la oposición del Cabildo, la sentencia fue favorable al rector y a los patrocinadores, y la obra siguió adelante, quedando autorizados para hacer las reformas proyectadas y cambiar el cementerio a las espaldas del altar mayor en ese mismo año de 1775.

Tras estas reformas estructurales, la iglesia quedó como es en la actualidad, y no ha sufrido posteriormente modificaciones de importancia sino tan sólo reparaciones del piso. Una de estos cambios de la tarima, se llevó a cabo en noviembre de 1929 estando Mosén Sandalio Martínez como Párroco. Para ello, al carecer la Parroquia de fondos, Mosén Sandalio pidió ayuda al Ayuntamiento, que colaboró con una prestación personal para el acarreo de 50 ó 60 fanegas de yeso de Santa Eulalia y la madera necesaria desde Albarracín hasta pie de obra, más facilitar dos obreros diarios durante los veinte o veinticinco días que dure la obra””. En total colaboraron en dicha prestación personal 52 personas y 6 carros. Un segundo cambio de tarima se llevó a cabo ya en 1998, estando de Párroco D. Alejandro Yuste.

A la entrada al templo había hasta el año 1.956 aproximadamente, una especie de templete, sustentado con dos columnas y anclado en el muro de la fachada, como protección de la puerta de entrada y para que no se cubriera ésta con las ventiscas. Era un añadido que no sabemos cuando se contruyó por no figurar en ninguno de los documentos, aunque no nos extrañaría que se colocara cuando se hizo la prolongación de la iglesia.

El referido cobertizo, que no era más que un añadido que afeaba la fachada, se quitó hacia el año citado, siendo Cura Párroco Mosén Moisés Hernández Fuertes. Todavía se pueden ver arriba de las hornacinas que hay sobre la puerta, los agujeros en los que apoyaban las vigas de madera. Bajo este templete se colocaba el féretro en los entierros, mientras se entonaba en latín aquel canto fúnebre del “Dies irae, dies illa…” y se recitaban las oraciones correspondientes.

En el interior de la iglesia, todos los retablos son muy antiguos y de gran belleza. Destaca, sin embargo, el hermoso retablo del Altar Mayor, de gran valor artístico, que según Santiago Sebastián es del Siglo XVII. En él se distinguen cuatro cuerpos o niveles diferentes.

La parte central está ocupada por una gran imagen de la Patrona, Santa Catalina, flanqueada por cuatro imágenes de santos. Las de arriba, de derecha a izquierda, parecen ser, según personas entendidas en imaginería a las que hemos consultado, San Francisco de Asís a la derecha y San Benito a la izquierda; y las de abajo son, sin ninguna duda, imágenes de San Pedro y San Pablo.

En el cuerpo superior del altar tiene una escena del Calvario, y en la predela o nivel inferior, a ambos lados del templete giratorio para la exposición de la custodia con el Santísimo, hay a la derecha un relieve alusivo al martirio de la Patrona y a la izquierda otro de su entierro.

A los lados del presbiterio están las imágenes de San Abdón y San Senén y dos lienzos, uno con la Inmaculada a la izquierda, y el otro con el Nacimiento del Niño Jesús a la derecha, ambos del mismo Siglo XVII.

Siguiendo el orden de ubicación que tienen actualmente, en la parte de la epístola hay tres retablos de gran interés. El más cercano al presbiterio es el de la Virgen de los Ángeles, en cuya parte inferior está la imagen de San José. Es una obra del Siglo XVIII”.

Sigue a éste, yendo hacia la parte posterior, el retablo viejo de la Virgen del Rosario, que tiene a sus lados seis tablas pintadas que representan otros tantos misterios. Pertenece al Siglo XVI, y es uno de los más antiguos de la iglesia. Según dice Sebastián de Utienes, citado por Tomás Laguía, se concedió esta capilla a Miguel Valero, vecino de Pozondón, por un Decreto dado por el visitador y vicario general de Albarracín el 8 de agosto de 1583, lo que originó un largo proceso por la oposición del concejo de Pozondón por esta concesión, que interpuso un recurso ante el obispo de Albarracín, que era por entonces don Bernardino Gómez Miedes. Dicho Vicario ordenó por decreto del 27 de julio del año l 587, “que no se inquietara a Miguel Valero en la posesión de la capilla'”.

A continuación, y próximo a la puerta de entrada al templo, está el retablo de San Pedro con la tiara pontificia. Sobre la época de su autoría no están de acuerdo los autores que hemos consultado. El Inventario Artístico de Teruel y su Provincia afirma que es de estilo rococó. Este estilo se desarrolló entre 1730 y 1760, por lo que sería del Siglo XVIII. Sin embargo, César Tomás Laguía dice que la capilla de San Pedro fue construida por Pedro Martínez y Catalina Andrés, cónyuges, vecinos de Pozondón, en virtud de un privilegio concedido por el obispo Juan de Muñatones el 27 de Octubre de 1.569, estando de visita en el pueblo`. De ser así correspondería a finales del Siglo XVI.
Al lado del evangelio, junto al presbiterio, destaca el retablo del Cristo crucificado, que tiene en su parte inferior una hornacina con la Virgen de los Dolores. Es una obra del Siglo XVIII.

Le sigue un segundo retablo de la Virgen del Rosario, que es más reciente que el antes citado. Tiene a la izquierda la imagen de Santo Domingo de Guzmán y a la derecha la de Santa Teresa. Abajo, de menor tamaño, está San Pascual Bailón. Pertenece al Siglo XVIII”.

Siguiendo hacia la parte posterior encontramos el retablo de Santa Ana, sobre tabla, en el que está la Santa con su esposo San Joaquín y con la Virgen Niña. A los lados tiene, a la derecha una tabla con San Antonio Abad, y a la izquierda otra con San Pedro. Es el más antiguo de la iglesia, del Siglo XVI. Fue encargado por la familia de Pedro Martínez Rubio, vecino de Pozondón, a Gerónimo Moya de Contreras, vecino de Albarracín, en un contrato firmado en esta Ciudad el 12 de julio de 1589, por la cantidad de cincuenta escudos y se colocó ya terminado en Pascua florida del año 1592.

Sobre este retablo se originó un problema entre Pedro Martínez y el constructor. Según el contrato debía estar construido a San Miguel de 1589 y no lo colocó hasta la Pascua que hemos dicho, por lo que aquel no le pagó. El constructor alegaba que había tardado mucho tiempo en dar su conformidad para que lo hiciera y por eso no pudo estar para la fecha prevista. El conflicto duró varios meses, teniendo que intervenir el vicario general de Albarracín, que dio la razón al constructor, y obligando a Pedro Martínez Rubio a que pagara, bajo pena de excomunión. Posteriormente, hacia 1618 era propiedad, según Sebastián de Utienes, de la familia Alonso. Y añadía que sospechaba que era gótico”‘.

El cuarto altar del lado del evangelio tiene en la parte inferior a la Virgen del Pilar sobre una pequeña columna, lo que hace que algunos lo conozcan como el retablo de esta Virgen. No suelen hacer alusión a la imagen central, que aunque lleva la palma del martirio y hay quien cree que es Santa Catalina, creemos estar en lo cierto al decir que es Santa Quiteria, mártir de los primeros siglos del Cristianismo.

Sebastián de Utienes, al que sigue César Tomás Laguía “, al hablar la iglesia de Pozondón entre los años 1618 y 1624, hacía una descripción diciendo: Ala parte del Evangelio una capilla so invocación de Sta. Quiteria cuyo retablo es de pincel. La qual esta al lado del altar mayor de la Iglesia. En esta capilla se enterraban los Sacerdotes”.

La capilla de Santa Quiteria ya existía en la iglesia anterior, pues en ella se fundó el 7 de diciembre de 1517 la más antigua capellanía “en ejecución del testamento otorgado por Lorenzo Sánchez el 1 de Abril del mismo año””. Pero en la actualidad no existe en la iglesia ningún otro retablo de pincel de esta Santa, y nos hace pensar si no se referiría al que tiene en la parte inferior a la Virgen del Pilar, pues Sebastián de Utienes no hablaba en ningún momento al describir la iglesia de que existiera algún retablo con dicha Virgen.

Según Santiago Sebastián, este retablo al que llama “de la Virgen del Pilar, con esti 1 pites 11, es una obra del Siglo XVII.

Finalmente, entre el altar aludido y el coro hay un pequeño retablo que es el de la Almas, una obra del Siglo XVII, sobre lienzo’, en el que están abajo las almas del purgatorio esperando su entrada en el cielo. Arriba está la Virgen de los Ángeles.

Resumiendo cuanto hemos dicho sobre los retablos, los más antiguos serían el viejo e la Virgen del Rosario, el de Santa Ana, y posiblemente el de San Pedro, los tres del Siglo XVI; del siglo XVII el del Altar Mayor, el de la Virgen del Pilar, y el de la Almas del Purgatorio; y del Siglo XVIII el de la Virgen de los Ángeles, el del Cristo crucificado y el nuevo de la Virgen del Rosario.

Hemos comprobado además, que el lugar de ubicación de algunos retablos no es en todos los casos el que tenían en sus comienzos, sino que han cambiado a lo largo de los siglos, posiblemente a medida que se iban colocando los hechos posteriormente. Por ejemplo, a comienzos del siglo XVII el de Santa Quiteria, en cuya capilla se enterraban los sacerdotes, estaba en el mismo lado del evangelio, junto al altar mayor según hemos visto”. Pero, en ese siglo se construyó la capilla del Santo Cristo, colocándose en dicho lugar, en el que aún continúa.

Sobre el pilar de la parte de la epístola más próximo al presbiterio está el púlpito, al que se accede a través de una estrecha escalera por el interior del propio pilar. Y en el de enfrente, en el lado del evangelio, está la imagen del Arcángel San Gabriel que tiene a sus pies al demonio vencido.

En la sacristía hay varias imágenes, entre las que destaca la de Santa Catalina, del siglo XVlll y otras varias de pequeño tamaño, que en tiempos pasados estaban en las ermitas. Se conservan actualmente en la misma sacristía las imágenes principales de aquellas, como la de los Santos Abdón y Senén, de San Roque y de la Virgen de los Ángeles, que trasladan a su ermita el día de sus respectivas festividades.

El coro de la iglesia, que está en la parte posterior elevado unos sesenta centímetros sobre el nivel de la nave central y al que se accede a través de dos escalones, estaba separado de dicha nave por una especie de reja de gruesos barrotes de madera torneados y policromados, que dejaban una amplia entrada abierta en la parte central.

Posiblemente estuviera así, aunque no existen datos al respecto, desde la reforma de la iglesia en 1774, ya que las obras se autorizaron para ampliar la iglesia, mudar el cementerio ‘á las espaldas del altar mayor, componer el coro y executar los demás reparos que sean precisos”.

Esta separación se quitó hacia el año 1965, siendo párroco Mosén Teófilo Lázaro. En el centro del coro había, y aún continúa, un gran facistol rotatorio, sobre el cual se apoyaban los grandes libros con tapas de madera y hojas de pergamino, que contenían las partituras de los cantos gregorianos de la liturgia. Sus páginas miniadas estaban decoradas con motivos multicolores de gran belleza.

Sobre el pequeño zaguán que tiene la iglesia a la entrada, hay un órgano de fuelle, que actualmente está totalmente inutilizado. El organista fue durante muchos años D. Macario de Miguel, que era al mismo tiempo Maestro de la escuela de niños y Secretario del Ayuntamiento desde el 1- de Enero de 1857 hasta 1904`. Para manchar en el fuelle del órgano estuvo por aquellos primeros años Leandro García, pues en el Acta del Ayuntamiento del 3 de abril de 1859 dice que se resolvió librar el pago a dicho señor “por acudir a manchar en el órgano los días de costumbre”. Desconocemos cuándo dejó de funcionar el órgano y sus causas. Nosotros celebraríamos que se hicieran las diligencias oportunas para conseguir su restauración por tratarse de una pieza de gran interés.

A la izquierda de la puerta de entrada al templo, entre el acceso a la torre y el coro está la pila bautismal. Es muy hermosa la armariada con puerta de dos hojas que la cierra, sobre las que está escrito un versículo de la Epístola de San Pablo a los Gálatas, Capítulo 3°, versículo 27, que dice en latín: “Quicumque in Christo baptizati estis, Christum induistis” (“Los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis vestidos”). Es la original del Siglo XVI y se conserva en perfecto estado.

Entre los tesoros que conserva actualmente la iglesia destacan una custodia de plata del siglo XVII, y la cruz procesional, del Siglo XVI , que por su belleza formó parte de la exposición de objetos de arte sacro que se hizo en la localidad castellonense de Segorbe en el año 2.001, bajo el título de “La Luz de las Imágenes”. Es también importante la colección de casullas, y los libros miniados, con hojas de pergamino y gruesas tapas de madera.

Antes de finalizar la referente a la iglesia parroquial, hemos de señalar la reciente iluminación que se ha instalado a comienzos del año 2.008 en toda su fachada y en la torre. Ha sido a cargo del “Plan de Dinamización Turística de la Sierra de Albarracín”, que creado hace un par de años, se encarga de resaltar y promocionar los monumentos y lugares más singulares de la Sierra.

Esta iluminación contribuye, en una visión nocturna, al embellecimiento del entorno de la iglesia, destacando entre luces y sombras el perfil de su cimborrio, y muy especialmente el de su torre, coronada cual castillo por almenas decorativas, que le imprimen un aire majestuoso y señorial de sabor típicamente medieval.

Bibliografía

  1. BENITO MARTÍN, Félix, Patrimonio histórico de Aragón. Inventario arquitectónico: Teruel, Departamento de Cultura y Educación de la DGA, Zaragoza, 1991, 2 Vls.
  2. HERRERO CORTES, Rafael, Pozondón a través del tiempo, Ayuntamiento de Pozondón, 2009, pags. 57 a 65
  3. SEBASTIÁN LÓPEZ, Santiago “Inventario De Teruel Y Provincia”, Servicio de Publicaciones del Ministerio de Educación y Ciencia. 1974.
  4. TOMAS LAGUIA, Cesar, Iglesias de la Diocesis de Albarracín, Revista IET, 1964, Número 32.

Cartel descriptivo de la iglesia

Reportaje gráfico completo

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IET | 1981

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Autor: Manuel Matas

Miembro de la Junta Directiva de CECAL

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