A modo de introducción sobre Juan Manuel Berges y su obra, reproducimos un artículo de José Luis Castán publicado en la revista Rehalda n. 30 titulado «Juan Manuel Berges y su contribución a la historia de la Comunidad de Albarracín»
«Juan Manuel Berges y su contribución a la historia de la Comunidad de Albarracín»,
J. L. Castán
Hace más de treinta años, cuando comenzaba mi trayectoria como investigador buscando información sobre la ganadería histórica en el sur de Aragón, me encontré, casi por casualidad, con dos pequeños artículos titulados “Historia de una esperanza frustrada: La Mesta de Albarracín”. Estaban publicados en una revista cultural que, con el título de Mayumea, revitalizaba la vida cultural de los pueblos de la Comunidad. La información era clara, los datos estaban basados en documentos inéditos, y su autor, una persona hasta entonces desconocida, Juan Manuel Berges. Después descubrí que eran la consecuencia de una tesis de licenciatura presentada en el año 1983 en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza. Y así comenzó una relación de lectura mutua de nuestros trabajos y también de amistad, que hoy me gustaría valorar.
La labor de Juan Manuel como historiador tiene el rigor de los trabajos de gran solidez documental. De la búsqueda de fuentes de archivo, de la lectura y transcripción correcta, pero, sobre todo, de su adecuada interpretación, al ser un perfecto conocedor del territorio y de sus gentes. Cuando su investigación quedó terminada en 2007, con la presentación de su tesis doctoral Actividad y estructuras pecuarias en la Comunidad de Albarracín (1284-1516), todas las personas que la disfrutamos apreciamos cómo se había ido tejiendo durante años no solo una historia de la ganadería, sino de la organización del espacio, de la reglamentación foral, de las aldeas de la Comunidad, de los conflictos y de los intereses de una sociedad de montaña. Esta ha sido la gran aportación de su trabajo a la historiografía medieval española. La compresión global de la Comunidad de Albarracín en la Edad Media.
La red de vías pecuarias y el territorio
Su tesis doctoral puso de manifiesto fundamentalmente la pugna por la riqueza natural, el proceso de control sobre los pastos a través de los impuestos de herbaje y montazgo, y su singular explotación hasta nuestros días. Demostró que el amojonamiento del espacio común entre las aldeas desde el siglo XIV para gestionar este impuesto fue el origen de la actual titularidad de la ciudad sobre los montes universales. Nadie lo ha explicado con tanta fundamentación documental ni exactitud.
De sus publicaciones sobre ganadería y trashumancia destacaría el conocimiento cercano y metódico de la red de vías pecuarias y de los términos de la Comunidad de Albarracín, que será un ejemplo para cualquier futura investigación. Las dio a conocer en las distintas jornadas sobre trashumancia que se celebraron en el Museo de Guadalaviar desde el año 2001 (están disponibles para cualquier lector no especializado en la guía de su museo), pero sobre todo, en 2009, dieron lugar a un original trabajo junto con D. Álvarez, J. Lozano y J. M. Vilar: Rutas de la trashumancia por la Sierra de Albarracín a pie y en BTT. Porque la mejor forma de descubrir el rico paisaje pecuario es andando o en bicicleta, interpretando el paisaje, hablando con sus gentes. Descubriendo sus fuentes, las dehesas, los apriscos, las salinas y la arquitectura popular. Un diálogo que partía de su comprensión de los documentos medievales donde se mencionaban. Lo que él llamaba “huellas de pastores”.
Las grandes familias y grupos sociales
Otro aspecto singular en sus trabajos fue el conocimiento minucioso de las familias que dominaron el territorio de Albarracín desde el siglo XIII. El estudio de grandes linajes, como los Fernández de Heredia, señores de Mora y Gea, o los López de Heredia, señores de Santa Croche y Gaibiel, pero también los Espejo o Fernández Rajo, es de una calidad excepcional. Nos permiten descubrir los complicados mecanismos, entre los que fueron frecuentes la creación de redes clientelares y la influencia de personas cercanas a la monarquía, que utilizaron para consolidar su poder e incrementar su presencia en la propiedad de las tierras y en el control de las instituciones. Una presencia que todavía hoy se refleja en la toponimia de masías, masadas y heredades que se identifican con su apellido. Y junto a ellos, los conflictos y enfrentamientos de todo tipo que se dieron y que condicionaron la vida política hasta comienzos de la Edad Moderna.
Pero el gran protagonista de su producción historiográfica es el pequeño ganadero, el vecino de una aldea, que forma parte de pequeños concejos, y que marcha con sus ganados a extremo, a los reinos de Valencia, Castilla o Murcia. Un habitante de la sierra libre, protegido por privilegios reales, que se consolida como el artífice de la articulación del espacio a través de una diversidad de actividades económicas. El aprovechamiento de montes y leñas, o la gestión del agua son elementos que se ponen de manifiesto para acercarnos a la vida de estas sociedades, sin olvidarse de otras actividades, como la explotación de la madera, las herrerías o la apicultura.
Hoy conocemos mejor las comunidades mudéjares de Gea y Albarracín, y la aljama judía de Albarracín gracias a las investigaciones de Juan Manuel. Sobre las primeras escribió en las actas del VIII Simposio Internacional de Mudejarismo, y a la segunda dedicó el libro publicado en 2014 junto con el profesor Miguel Ángel Motis, Los judíos de Albarracín (1284-1492): claves y encrucijadas en los umbrales de la integración y el desencuentro. Una completa descripción de las actividades de una pequeña comunidad con una gran trascendencia en la vida diaria de la ciudad y su entorno. Se dibuja así una sociedad donde, por una parte, existía una población de origen militar y otra de repoblación cristiana asentada en las aldeas. Y junto a ellas, pequeñas minorías que jugaron un papel activo en el comercio, la artesanía, o la agricultura. Grupos sociales cambiantes, adaptados a las coyunturas económicas, que no viven aislados, ni en una lucha precaria por la subsistencia, sino que evolucionan, se renuevan y muestran un dinamismo que conecta la montaña con los hombres de los valles y las llanuras.
La organización de la Comunidad de Albarracín
La revista Rehalda, en sus quince años de existencia, da pie a descubrir de la mano de los artículos que escribió muchas de las localidades de la Comunidad de Albarracín. Pero estas publicaciones, destinadas a todos los lectores, están fundamentadas en los estudios institucionales que se iniciaron con su trabajo “La Comunidad de Albarracín: orígenes y evolución durante la Edad Media”, que forma parte del primer volumen de los Estudios históricos sobre la Comunidad de Albarracín. Una obra que es hasta hoy la principal referencia para descubrir la historia de este territorio.
El conocimiento de las ordinaciones medievales, que tanto trabajó y contribuyó a difundir, nos ha permitido articular el marco jurídico, la evolución de sus cargos, como los jurados o el procurador de las aldeas, su sistema de elección y la conflictividad existente, fundamentalmente en los siglos XIV y XV. Una situación convulsa a la que la monarquía intentó poner freno con su intervención, y que mermó la jurisdicción que hasta la última década del trescientos tenía la ciudad sobre su término en todos los ámbitos.
El análisis de documentos de gran trascendencia política, como la sentencia de Arnal de Eril en 1395, estudiada en este trabajo, supuso el punto de inicio y la concesión de atribuciones a una nueva entidad que con apoyo de la monarquía se enfrentaría al poder señorial de la ciudad de Albarracín: la Comunidad. Esta investigación sitúa a Juan Manuel Berges en relación con otros trabajos pioneros realizados por Antonio Gargallo o por José Luis Corral para Teruel o Daroca. Fundamentar históricamente que la Comunidad de Albarracín fue un elemento de defensa y de seguridad de los vecinos de las aldeas, y que articuló el sentimiento de solidaridad, es la principal conclusión que se desprende de sus publicaciones sobre esta institución.
El culto a la Virgen del Tremedal
No estaría completo el análisis de la producción historiográfica de Juan Manuel Berges sin hacer referencia a sus trabajos sobre la Virgen del Tremedal. En 2005 impulsó y realizó la introducción a la reedición facsímil de la Historia panegírica de la aparición y milagros de María Santísima del Tremedal, del sacerdote Francisco Lorente. Una obra de 1786, de amplia difusión en el siglo XVIII. Desde esa fecha, en colaboración con el también historiador Raúl Ibáñez, se sucedieron sus investigaciones sobre el origen de la ermita, la devoción, y la configuración de la cofradía de la esclavitud de la Virgen. La más completa, la publicada en 2012, El culto a la virgen del Tremedal. Una visión desde la historia de la religiosidad popular y su relación con el pueblo de Orihuela. A la construcción, y también destrucción, del santuario en la Guerra de la Independencia, ya había dedicado un amplio trabajo, con el título de “Malatarde”: consecuencias económicas y sociales de la batalla del Tremedal, en el monográfico de la revista Rehalda, conmemorativo de la presencia francesa en el Partido de Albarracín.
Conclusión: un historiador riguroso y con amplitud de miras
Para describir con términos adecuados la labor que desde 1983 hasta 2017 realizó Juan Manuel Berges, desearía destacar su metodología como historiador en tres aspectos: su conocimiento exacto de los archivos, su capacidad para integrar conceptos, y por último, el que me parece más importante, su visión global de cada uno de los elementos que investigó.
Los archivos de la ciudad de Albarracín y de la Comunidad fueron su gran cantera de conocimientos. Posiblemente no ha habido otro medievalista que los haya puesto más en valor. Y fruto de ello son los más de cuatrocientos documentos, transcritos en su tesis doctoral, que forman la base fundamental del trabajo. La riqueza documental le hizo encontrar y registrar con minuciosidad nombres, oficios, impuestos, nombramientos de cargos o privilegios, que de forma paciente y sistemática iba clasificando. Siempre encontramos en sus libros y artículos el carácter exacto de cada una de sus afirmaciones, y la solidez en sus conclusiones, No hay planteamientos ideológicos ni perjuicios que condicionen la precisión de los datos. Detrás del texto hay un trabajo complejo, completo y riguroso.
La segunda estrategia metodológica que podemos observar al leer su obra, es que no escribe solo de ganadería, o de impuestos. Al final, siempre están las complejas relaciones de poder, los intereses contrapuestos, la lucha por dominar el territorio. Por eso le resultaba tan fácil pasar del estudio institucional a la economía o a la historia de las mentalidades y las devociones populares. No era solo interés por una diversidad de temas, sino la sabiduría que da acotar el campo de investigación a un territorio no muy extenso, como es la Comunidad de Albarracín, y dedicarle a él toda una vida de trabajo y estudio. Cuando Juan Manuel Berges describía una localidad, una masía o una dehesa, podía situar a la familia que la explotaba, las relaciones con sus vecinos, y también su evolución a lo largo de los siglos. Y lo hacía de forma aparentemente espontánea, fruto de su asombrosa memoria e inteligencia.«