CECAL

| Centro de Estudios de la Comunidad de Albarracín

Adiós, Teruel

Deja un comentario

Reproducimos a continuación un artículo de Raúl Ibañez, miembro del Consejo Científico del IET y presidente de CECAL, titulado «Adiós, Teruel» publicado en la sección TERUEL, CIENTÍFICO CULTURAL de Diario de Teruel el 3 de Abril de 2025.

El estudio del fenómeno migratorio turolense a los Estados Unidos de América ha pasado desapercibido a lo largo de todo el siglo XX para los historiadores que han tratado la diáspora española en este país.

El pueblo turolense fue protagonista en primera persona de este fenómeno migratorio europeo-mediterráneo hacia el país de las oportunidades y del desarrollo durante el primer tercio del siglo XX.

Quizás sea el momento, pasados más de cien años, de ofrecer protagonismo a todos estos emigrantes turolenses que han permanecido en el más oscuro anonimato, pero que, sin duda, marcaron la historia de nuestra provincia a base de sacrificio e ilusión. Sirva este humilde artículo como pequeño homenaje a todos ellos. Algunos regresaron y otros descansan a más de 8.000 kilómetros de la tierra que les vio nacer.

En el transcurso del estudio que he llevado a cabo sobre la emigración turolense a Norteamérica durante este período, no he podido distinguir una única causa que sea lo suficientemente poderosa como para ser la chispa detonante de este importante fenómeno. En efecto, se trata de un verdadero cóctel de causas que los historiadores intentamos explicar a través de un conjunto de herramientas que llamamos teorías.

Las consecuencias de la grave crisis finisecular española fueron el detonante para que miles de españoles, y a su vez turolenses, hicieran las maletas y buscaran mejorar sus vidas a miles de kilómetros de su lugar de nacimiento. La diferencia salarial entre su localidad de procedencia y el lugar de destino permitió mitigar los costes de salida (pago del billete, manutención, etc.), reforzada con las remesas que muchos de los pioneros enviaron a los futuros emigrantes. Además, esta diferencia salarial también supuso un potente factor de atracción para estos jóvenes. A modo de ejemplo, mientras que el jornal medio en Teruel estaba en 1,4 pesetas, en Estados Unidos era entre 12 y 21 pesetas al día.

Todo ello unido a la prestación obligatoria del servicio militar, que en muchas ocasiones implicaba participar en la Guerra de Marruecos, animó a muchos jóvenes turolenses a buscar nuevos horizontes. Tanto la primera Guerra Mundial (1914-1918) como la segunda Guerra de Marruecos (1911-1927) influyeron no solo en la orientación del destino de los emigrantes turolenses, sino también condicionaron los tiempos de salida de los mismos.

La aplicación de la tecnología de vapor en los barcos y también en el ferrocarril fue un avance sin precedentes, que fomentó el movimiento de grandes cantidades de población a lejanas distancias antes impensables.

La llegada del ferrocarril a la provincia de Teruel es ya en la primera década del siglo XX cuando aparece. En el año 1900, la ciudad de Teruel era la única capital del Estado sin conexión ferroviaria con Madrid.

La gran ola migratoria de los turolenses a los EE.UU. se produce en el año 1920. Después la emigración se reduce drásticamente por la Ley de cuotas norteamericana.

También hay que tener en cuenta que de 1900 a 1910 se produce el mayor aumento de población registrado en el siglo XX para la provincia de Teruel. Este aumento de población determinaría las relaciones laborales de estos jóvenes abocándoles hacia la emigración.

El estudio de las cadenas migratorias y los apoyos de los familiares y amigos turolenses que ya estaban en los Estados Unidos de América ha demostrado la importancia en el empuje  final de la decisión del emigrante.

Mayoritariamente eran varones jóvenes, solteros y alfabetizados. Lo que contrasta fuertemente con el analfabetismo imperante en la provincia. El 86% de ellos manifestó saber leer y escribir. Este requisito era imprescindible para la entrada como inmigrante en el país. Además, la mayoría viajaba en grupos lo que aliviaba la incertidumbre.

Es lógico pensar que los puertos mayoritarios de salida hubieran sido los españoles más cercanos. Sin embargo, más de la mitad eligieron salir por puertos franceses como Le Havre, Cherburgo o Burdeos para evitar los controles españoles que impedían la salida de los emigrantes varones en edad obligatoria de cumplimiento del servicio militar. La participación en la Guerra del Rif suponía para muchos de estos jóvenes ir en busca de la muerte.

Los ganchos y las agencias de emigración dirigieron a cientos de jóvenes turolenses. Los ganchos visitaban determinadas zonas rurales y animaban a emigrar a sus vecinos. Ofrecían hacer los trámites para emigrar legalmente. Evidencia de todo esto, son los listados completos de turolenses de la misma localidad que llenaban los manifiestos de los barcos de forma correlativa.

El gran desarrollo económico experimentado por EE.UU. favoreció la necesidad de mano de obra procedente de Europa con el objetivo de ocupar puestos de baja cualicación y caracterizados por la dureza de las condiciones de trabajo, principalmente en tareas agrarias, extracción de mineral y trabajo fabril. De esta forma, la distribución de los turolenses tampoco fue homogénea en EE.UU., predominando unos estados sobre otros.

Destinos de gran importancia fueron las minas en Bingham Canyon (Utah) y las de Virginia Occidental, pastores en Idaho, Nevada o California y en fábricas en Detroit o en Nueva York, por ejemplo.

Hasta el momento he documentado con nombres y apellidos a 1.035 turolenses que pusieron rumbo a los EE.UU. en el primer tercio del siglo XX. Para ello, he recurrido no solo a fuentes escritas, sino también a los testimonios orales a través de encuestas y entrevistas con sus descendientes. Archivos como el de la Isla de Ellis y los de Inmigración han sido fundamentales para afinar los datos de la investigación, pero también las charlas con sus descendientes han permitido en muchas ocasiones recoger información que de otra forma hubiera sido imposible conocerla.

Este trabajo ha sido enriquecedor desde el punto de vista académico, pero también ha sido fascinante a nivel personal. Cuando el desarrollo de la investigación nos lleva a trabajar con personas, la implicación en el resultado se vuelve mucho más exigente. En numerosas ocasiones desgranar pequeñas historias personales nos alejan del trabajo puramente académico, pero, por otro lado, nos acercan a datos esenciales que ponen en contacto a familias que hace más de 100 años están separadas, como así ha ocurrido en varias ocasiones. Los descubrimientos sobre estos emigrantes que los familiares actuales desconocen pone de relieve la necesidad de seguir trabajando en esta línea. Así es la investigación con la Historia más reciente.

DESCARGA

Artículo original en el Diario de Teruel (Enlace)

Avatar de Desconocido

Autor: Manuel Matas

Miembro de la Junta Directiva de CECAL

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.