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Albarracín pierde a su cronista oficial

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Reproducimos a continuación un artículo de Vidal Muñoz, cronista oficial de la ciudad de Teruel, publicado en el Diario de Teruel de 13/04/2021 in memoriam de Octavio Collado Villalba tristemente desaparecido el pasado 9 de Abril.

“Hoy, dejando de lado noticias de nuestra ciudad, dedicaremos unas líneas al que fuera mi alumno, Octavio Collado Villalba. El que ha sido un amigo desde que le conocí, ya que hemos caminado muy cercanos y paralelos en nuestras respectivas trayectorias científicas y culturales

Su muerte, el 9 de abril, a los 58 años, apenas haber estrenado su cargo de Cronista Oficial de la Ciudad de Albarracín, deja huérfana de esta dignidad a un territorio en el que Octavio se distinguió y destacó por la labor de estudio, investigación y difusión de los temas relacionados con la ciudad y Serranía de Albarracín. Su licenciatura, y doctorado en  Geografía e Historia por la Universidad de Zaragoza en la opción de Arqueología y Prehistoria, fue la base de su extensa labor de investigación en Prehistoria, Antigüedad y Edad Media, siendo la base de su dedicación profesional a la Museología, Arqueología y a la Protección del Patrimonio. Por ello, fue miembro y colaborador de distintos organismos científicos, como el Seminario de Arqueología y Etnología Turolense, el Instituto de Estudios Turolenses o el Centro de Estudios de Arte Rupestre de Albarracín.

Su formación humanística y académica suficientemente reconocida fue la garantía fundamental para ser nombrado Cronista Oficial de la Ciudad por el Consistorio de Albarracín, en el primer año de la pandemia covid-19. Suponía colofón y premio para Octavio al ser un profundo conocedor de la historia, la geografía, la población, la economía, las costumbres y tradiciones de esa localidad, así como trabajador incansable en el patrimonio cultural (histórico, artístico y medioambiental), en las fuentes documentales y archivos de la serranía albarracinense. Se tenía previsto extender su cronicato a toda la Comunidad de la Serranía y la naturaleza cortó el proyecto. No obstante, sus numerosas publicaciones y excavaciones arqueológicas van a servir para recorrer por tiempo venidero varios espacios de pinturas rupestres por él estudiadas, el poder  rastrear la época ibérica del noroeste de la Sierra, estudiar las tumbas inéditas de las necrópolis de El Cuarto de Griegos y el poder deleitarnos en el museo al aire libre en su obra Parque Cultural de Albarracín.

Y si nos centramos en la ciudad de Albarracín ―aunque ha dejado muchos proyectos, según me indicaba el viernes el alcalde Miguel Villalta― cualquier investigador, lector o visitante podrá verlo, oírlo y observarlo con sus libros. Así es la ciudad de Albarracín y con La Guía de Albarracín que escribió junto a José Luis Peña, sin olvidar que el CECAL (Centro de Estudios de la Comunidad de Albarracín) , también tiene recogidas sus tareas museísticas, literarias e históricas.

El año 1996, con 33 años, recibió del Gobierno de España la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, impuesta por el rey Juan Carlos, tras haber ostentado la alcaldía de Albarracín entre 1989 y 1991 y ser alcalde desde 1995, acabando en 1999. La medalla le fue concedida por haberse destacado en el campo de la creación artística y cultural, habiendo prestado notorios servicios en el fomento, desarrollo, difusión del arte, la cultura y en la conservación del patrimonio artístico de su localidad.

Se ha ido Octavio al olimpo de la vida eterna, desde donde sus obras terrenales permanecen para uso de todo el universo. Ese olimpo desconocido, invisible, etéreo, volverá a juntar a quienes con Octavio, firmaron entre otros en el año 1996 la creación de la Fundación de Santa María de Albarracín: el entonces obispo de la Diócesis, Antonio Algora, y el en aquel momento presidente de la DGA, el cellano Santiago Lanzuela.

Albarracín pierde un ciudadano ligado a un museo total, emocionado con calles que cantan y leen historia, enamorado con murallas que salvaguardan un pasado único y distintivo de su particular trayectoria histórica. Los cronistas perdemos a un amigo y a un colega que amó sus tierra: por ello, aceptó ser cronista de su pueblo, “gratis et amore”.

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Artículo original en Diario de Teruel

Autor: Manuel Matas

Miembro de la Junta Directiva de CECAL

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