CECAL

| Centro de Estudios de la Comunidad de Albarracín

Localizado en Bronchales un refinado broche andaluz importado por celtíberos trashumantes

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Reproducimos a continuación un artículo de Luis Rajadel publicado en el Heraldo de Aragón de 04/12/2022 sobre nuevos descubrimientos en el yacimiento celtíbero de Bronchales.

La pieza corrobora que los pastores de la Sierra de Albarracín invernaban hace 2.500 años en los territorios íberos de la actual Andalucía, como ocurre hoy en día.

El broche del siglo V antes de Cristo, con una estrella de diez puntas calada y decoración de espirales. | Antonio García/Bykofoto

La excavación de una necrópolis del siglo V antes de Cristo en Bronchales ha aportado piezas excepcionales que ayudarán a desentrañar las características de la sociedad celtíbera. Entre los hallazgos del yacimiento, destaca un cinturón de bronce en un estado de conservación sobresaliente decorado con tres soles troquelados que, según los investigadores, llegó desde los poblados íberos de la época en Andalucía, lugar de destino invernal de los rebaños trashumantes de la Sierra de Albarracín hace 2.500 años y también actualmente.

El broche de cinturón, de 15 por 15 centímetros, se elaboró con una fina lámina de bronce en algún taller andaluz y fue importada desde allí por los ganaderos celtíberos de Bronchales. La pieza fue desenterrada en la excavación realizada el pasado verano por un equipo dirigido por los arqueólogos Francisco Burillo, Raúl Ibáñez y Jesús Picazo.

El cierre de cinturón presenta una rica decoración que lo hace único. Francisco Burillo afirmó que se trata de una pieza «sin paralelos». Su factura remite a la producción íbera contemporánea, al igual que otros hallazgos del mismo yacimiento, como dos escudos pectorales, bocados de caballo o fíbulas con diseños típicos de poblados íberos en Porcuna (Jaén) o Almedinilla (Córdoba).

De las tres estrellas de diez puntas troqueladas que decoraban el broche, solo se conserva una. Los soles están rodeados de una corona de finas líneas que recuerdan a rayos solares. La ornamentación se completa con espirales similares a la que presenta otro cinturón del mismo yacimiento entregado de forma anónima en el Ayuntamiento en mayo de 2021 –la pieza todavía conserva el esmalte de plata–.

La lámina de bronce fue doblada por la mitad para incorporarla al ajuar de la tumba de un pastor trashumante. Burillo señaló que el valor del cinturón evidencia el poder económico de los ganaderos celtíberos, dueños de la principal base de riqueza del momento –los rebaños–, y que superaría a la de los líderes íberos contemporáneos.

Junto al broche, aparecieron otras sofisticadas piezas de bronce, como unas finas láminas que formaban parte del correaje o decenas de diminutas grapas de unos pocos milímetros de longitud. Raúl Ibáñez resaltó que los ‘clips’ íberos son tan diminutos que atraviesan las cribas utilizadas en la excavación para separar la tierra de pequeños restos arqueológicos.

El cierre de cinturón es uno de los elementos extraídos del yacimiento, que ha aportado otros materiales singulares y en un estado de conservación también excepcional, como una lanza metálica de 2,2 metros, una punta de jabalina, tres bocados y dos carrilleras de caballo y fíbulas. Las armas fueron inutilizadas –dobladas– para incorporarlas a los ajuares funerarios. Su buen estado tras 2.500 años de enterramiento responde, según los arqueólogos, al clima local, a la geología y al emplazamiento lejos de los campos de cultivo. El equipamiento bélico indicaría que los ganaderos eran a la vez guerreros que protegían sus rebaños en los desplazamientos de 23 días para completar los 400 kilómetros que separan los pastos de verano de los invernales.

Pero la necrópolis abre también interrogantes. Burillo admite su desconcierto por el hecho de que en las dos campañas de excavación no ha aparecido ninguna urna funeraria ni los fragmentos de huesos calcinados que estos recipientes contenían junto con las cenizas del cadáver. «Lo que hemos encontrado no se ajusta a la tipología de las tumbas celtíberas», afirma. La investigación no ha hecho más que empezar.

Autor: Manuel Matas

Miembro de la Junta Directiva de CECAL

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