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| Centro de Estudios de la Comunidad de Albarracín

Valdecuenca: entre sabinares y trincheras

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Una nueva entrega del conmemorativo de Juan Manuel Berges que venimos en estos últimos tiempos antesala del primer aniversario de su partida. En esta ocasión, nuestro prolífico autor nos descubre múltiples facetas de uno de los municipios más recónditos de nuestra sierra: “Valdecuenca, entre sabinares y trincheras”. En el título ya nos anuncia los dos enfoques principales de su lienzo: grandes pinceladas de  Historia y Naturaleza (quizás sus temas favoritos) adornadas con otras de Patrimonio Material e Inmaterial que completan el relato. En resumen, otro reportaje magistral de un pequeño municipio serrano a los que ya nos tiene acostumbrados, pero no por ello menos sorprendente.

VALDECUENCA: ENTRE SABINARES Y TRINCHERAS

Juan Manuel Berges Sánchez

En nuestro intento por divulgar  aquellas  localidades de nuestro territorio, quizás menos conocidas para  la mayoría  del público  pero  no por ello carentes de suficientes atractivos, me he impregnado de los múltiples  valores que  atesora Valdecuenca de la mano del primer edil Arturo Marco,  conocedor en profundidad hasta  del rincón  más ignoto de esta localidad, junto  con  la grata  compañía de José Luis Vidal y Andrés Edo.

Esta bella localidad  de la Sierra de Albarracín nos confunde con  el origen  o significado  de su nombre. Derivado  tal vez de las formas  del relieve que  lo rodea, un valle en medio de alturas,  o como  testigo que  indica  el camino que  de antiguo se dirigía a las vecinas tierras castellanas…

Menos  oscuridad nos ofrece la posición  estratégica que  mantiene en el suroeste de  nuestro territorio, como  eje vertebrador de  dos  vías de  comunicación que  conectan hacia  los fértiles valles que  riegan  los ríos Cabriel y el Tajo, que  por  otro  lado facilitan la conexión con  las tierras manchegas y con  las altas tierras de la sierra conquense.

Su situación  como  confluencia de  culturas  le ha proporcionado su peculiar  carácter  abierto y conciliador que  despacha con  sutileza  a quien  lo visita. Así, no  es difícil entender porqué en 1740  la Mesta  de ganaderos de Albarracín acordase que el Ligajo de la Sesma de Jabaloyas se convocase en Valdecuenca para  dirimir sus diferencias.

Valdecuenca presume, por otra parte, de ser pregonado por su cronista  más preclaro, Tomás García Soler, quien  ha ido escudriñando legajos y papeles viejos del archivo municipal, para  descubrir el ser y la historia  de esta  localidad. Su Valdecuenca, memoria y relatos nos describe un recorrido exhaustivo a través  del patrimonio civil y religioso de la localidad, rescata  costumbres ancestrales, tradiciones perdidas, juegos  de  antaño, el emotivo poso  de  las canciones de  la niñez,  pero  también ha almacenado  el testimonio  de  muchos vecinos,  sus protagonistas.  Sus recuerdos y sus vivencias  más  duras,  el trágico  episodio de  la guerra civil, el dolor  de  la emigración que  repara  bajo el seudónimo de las golondrinas…

No queda por  urdir ningún retal en el inmenso lienzo costumbrista de su relato. Ningún tema  escapa  a su minuciosa observación hasta  el punto de que  nos llega a brindar un preciso  y preciosista vocabulario pastoril,  ya en desuso, pronto ignorado.

En este  sentido, nuestro reportaje pretende ser  una  pequeña adenda del  inmenso esfuerzo  compilador ya realizado  por  Tomás,  a quien  a través  de estas  líneas le traslado mi más  cordial  agradecimiento, no  sólo porque ha  puesto a mi disposición  de forma altruista  todos sus trabajos, toda  la investigación de su vida, sino por su obstinada aportación a la recuperación de la historia de nuestros pueblos, de su Valdecuenca en particular.

ALGO DE HISTORIA

Mirando muy  atrás  al pasado, sus primeros pobladores se asentaron en  el poblado  celtíbero del cerro  del Molino,  un asentamiento de forma  triangular situado en el espolón de un roquedo sobre  la confluencia de los barrancos de Las Charquillas y de Las Hoces, protegido por su flanco más débil por un profundo foso.

Algunos afirman  que  el primitivo  asentamiento de la actual  población estaba localizado  en El Casar o Las Rozas, en el camino a Saldón.  Ya situados en la historia escrita,  uno  de  los documentos más  antiguos que  citan  a esta  aldea  se remonta a 1247  donde Elvira, viuda de Pedro  Iñíguez, vecina de Albarracín, expide  carta  a favor de sus hijos sobre  los hornos que  poseía  en la heredad de Valdecuenca.

Hay que  indicar que  a mediados del siglo XIII Valdecuenca no posee  competencia jurídica alguna sobre  su término. Hasta 1495  sus vecinos  abonaban a la Comunidad  de  aldeas  una  cantidad fija por  el aprovechamiento de  su término. A partir de  entonces contribuyó como  cualquier aldea  del condominio en  función  del patrimonio económico de su población residente.

En sus alrededores pronto se desarrolló  el hábitat disperso, heredades, masías, donde se explotan cultivos  de  secano, pasto, caza  y los recursos  del bosque. Este cinturón circular  formado por  las masías  de  El Zarzoso,  vinculado a la notable familia de los Sánchez  Muñoz,  Ligros, Dornaque, Mierla y Villalba, asfixiaron  la consolidación  de una  población estable.

Sus renteros, medieros y aparceros se  agruparán en  un  núcleo  rural  aprovechando épocas expansivas de  la economía. Respaldados por  un  mayor  potencial demográfico, será entonces cuando reivindicarán jurisdicción  propia  sobre  sus roturos  y demandarán dehesas reservadas para sus ganados y pares  de labor.  Un proceso  similar al que  se observa  en otras  poblaciones serranas  como  El Vallecillo,  Toril y Masegoso, Bezas, Royuela, Griegos  y Guadalaviar, por poner un ejemplo.

Otras  propiedades ocupaban las cañadas más  fértiles de  sus aledaños. Marcos Tovía, escudero, uno  de los mayores hacendados de la época, poseía  en 1326  una heredad en Valdecuenca, además de la Puerta  de Arroyofrío y tierras en Masegoso. En este  momento apenas vivían un puñado de labriegos pues  el Libro de Pasos, así llamado el proceso que  recoge los informes  del juez real que  en dicha  fecha  visita los espacios  vedados ampliados ilegalmente, confirma  la dehesa de  la heredad de Valdecuenca de Marcos Tovía para que  la dita Val no se despoblase e que los juvos de los que allí labran oviessen do haber passada.  Los Bustales serán  los primeros espacios reservados a los pares  de bueyes  arantes. Una forma  útil de atraer  labriegos libres y modestos pastores.

Atractivos debía  tener  la población porque incluso  el monasterio de Piedra amplió su área  de influencia  en esta  zona.  Fray Adam de Nuévalos,  procurador de dicho cenobio, arrienda el 4 de julio de 1464  la mitad  de la heredad de Valdecuenca a Blasco Pérez de Tarazona  y a María Pérez, su esposa, por  precio  de 300  sueldos, con entrega de dos bueyes. En esta época los monjes  del Císter tenían propiedades en El Despeñadero (el salto del molino  San Pedro),  El Collado  La Grulla, La Fuente el Buey, Congostina (Torres), sin duda situadas  en áreas de excelentes pastizales.

Aunque  en el fogaje de 1495  apenas aparecen censadas cinco familias, unas  décadas  después cobra  impulso  el proceso repoblador en Valdecuenca pues  en 1517 solicitan a la Comunidad de aldeas  una  dehesa para  sus ganados mayores en el decaradero alto del barranco del molino harinero.

Los vecinos de Valdecuenca han sido muy emprendedores dadas  las limitaciones que  ofrece  la orografía. Unos condicionantes que  sin duda han  agudizado su ingenio. En esta  época algunos amplían su hacienda fuera de sus fronteras, como  Pascual Murciano que  compró en 1456  a Juan Gómez  de  Jabaloyas una  heredad por valor de  500  sueldos.  Los Monzón y Espejo extienden su dominio en  Dornaque. Mientras  otros  se alejan hasta  el Pozo el Tiñoso (actualmente Las Casillas de Bezas) para  cultivar las tierras junto  con vecinos de Jabaloyas, según hay constancia desde 1598.

La tradición del  pastoreo en  Valdecuenca es  antigua. Aunque  el aprovechamiento de los pastos  de su término apenas contribuía con  el 2,08% a la Comunidad  de  aldeas,  sin embargo la calidad  de  sus pastizales,  que  ya alabó  el insigne geógrafo Ignacio de  Asso a fines del siglo XVIII, favoreció  el ejercicio  de  la actividad  ganadera:

… Hay grande diferencia entre los ganados  de Albarracín, que invernan en Andalucía y los que van a Valencia y Murcia, porque la lana de los primeros es sin comparación más fina que la de éstos, como se observa en algunos de Valdecuenca y Calomarde…

Así nos  lo demuestran unos  datos  que  se corresponden con  dos  fases expansivas de  la actividad pecuaria. Por un  lado  el contrato de  compra de  aproximadamente un  millar de  carneros suscrito  siglos atrás,  el 19  de  agosto de  1419, entre Domingo Romeo de Murviedro (Sagunto) y los ganaderos Pascual Domingo de Valdecuenca y Martín Bonacha  de Terriente  por valor de 365 florines. O bien las 5.200 cabezas de ganado ovino  trashumante y 400  estantes que  estaban censadas en la localidad  en 1795  según Isidoro de Antillón.

El hecho de tener  un término con una  extensión reducida propició  que  muchos corrales  se uniesen a través  de  un  muro  medianil  común en  zonas  próximas a los cultivos para  optimizar el pastoreo. De esta  manera se prodigan conjuntos (llamados rehatas) de más de siete parideras adosadas con su corral anexo:  Las Hoyas, corral del Alto, corral  Nuevo,  Pozuelo,  del Hornero, del Patrón. Se trata  de  un  claro ejemplo de minifundismo pastoril pues cada una de estas parideras apenas daba  cobijo a un rebaño de cien cabezas.

Los conjuntos más  numerosos se sitúan  en  La Cambrilla  (uno  de  ellos con  12 unidades). Este diminutivo tal vez deriva  de  cambra,  cámara o habitación, en este caso  destinada al ganado y probablemente su nombre hace  referencia a este  tipo de  agrupación de  corrales.  Destacan los localizados  a su vez en  la Muela,  Las Hoyas, El Cabildo,  El Cubillo, La Celadilla y los corrales  de mosén Pedro.

La techumbre de estas parideras se cubre  con tedillo utilizando el palo central  de las ramas  de  sabina.  Ejemplos interesantes podemos apreciarlos en  los corrales  de mosen Pedro,  La Muela,  La Cambrilla,  corral Nuevo  y Pozuelo.

PERSONAJES ILUSTRES

Personajes  ilustres tienen su cuna  en Valdecuenca. Los linajes de los Vellido, ganaderos y comerciantes de  madera vinculados al valle San Pedro,  los apellidados Domingo y los Murciano son los más antiguos. Según  nos ilustra Domingo Gascón y Gimbao en su Miscelánea Turolense, unos  estaban vinculados a la carrera  eclesiástica como  el padre Urbano  Campos, escritor  y Provincial de los Jesuitas o D. Mariano Romero Alpuente, chantre de Teruel. Otros  en la vida civil como  Pedro  Romero Pérez, médico de cámara, que  destacó en el siglo XVIII. Pero sin duda entre  todos destacan tres personalidades:

Juan Romero Alpuente

A este  personaje le dedicó unas  páginas Tomás Collado(1),  mientras Francisco Lázaro  Polo  en  un  artículo  titulado «Romero Alpuente:  el Marat  español de  Valdecuenca» (Diario de Teruel, sección  Tribuna  Abierta, 18 de abril de 2010)  destaca su figura como  miembro de la sociedad Los Amigos del Orden que  frecuentaban el café la Fontana de Oro. Recientemente nuestro compañero José Luis Castán  le ha dedicado  un breve artículo: «Juan Romero Alpuente:  un revolucionario del siglo XIX»(2), a cuyos textos  nos remitimos.

Juan Romero (1762-1835) ocupó cargos  relevantes: fiscal de la Audiencia de Valencia,  Oidor  de  la Chancillería  de  Granada, miembro de  la Junta de  Teruel tras el alzamiento contra los franceses, diputado a Cortes…  Fue uno  de  los primeros demócratas románticos, «partidario de lo que  él llamaba  “la revolución perpetua”, la defensa de los Derechos locales contra el Estado y el rey, y la exaltación de la libertad  individual  como  el don  más precioso de la existencia».

Rebelde con causa y prototipo del romanticismo, ha sido definido  por Elena Páez Ríos como  el diputado más jacobino que fue capaz  de producir nuestra revolución liberal temprana(3). Fue fundador de una  sociedad antimasónica, la denominada Confederación de caballeros comuneros. Entre otras obras escribió Historia de la revolución de España que  fue publicada en Madrid  en 1989  por el Instituto de Estudios Políticos. Fue, pues,  una  de las personalidades relevantes del siglo XIX de nuestra Sierra junto  con Tomás Collado  Fernández, Manuel  Polo y Peyrolón  y Bernardo  Zapater y Marconell, entre  otros.

Es evidente que  Valdecuenca ha tenido una  estrecha vinculación  con las instituciones  eclesiásticas.  El monasterio de Piedra en el pasado, pero  también la toponimia lo delata:  El Cabildo,  la cueva  el Racionero, los corrales  de  mosen Pedro…,  si bien no es menos cierto  que  algunos de sus hombres más preclaros han  evidenciado unas  profundas raíces religiosas.

Dolores Romero y Arano

Afortunadamente, disponemos de dos excelentes descripciones del mecenazgo de esta persona ilustre de Valdecuenca realizadas  por Tomás García Soler, en su trabajo  ya citado  (páginas 20-28)  y por  el reportaje aparecido recientemente en Diario de Teruel el pasado 11 de mayo  que  rubrica  Serafín Aldecoa en la sección  Gente de esta Tierra.

Hija de Nicolás Romero García de Valdecuenca, doña Dolores Romero Arano nació en Terriente  en el año  1853. Estuvo casada  con  D. Francisco Curiel Blasi, quien amasó  una  gran  fortuna derivada de  sus negocios en  los Altos Hornos  vascos.  Enviudó  a los 57 años  sin haber tenido descendencia. Residía en Madrid  con  una  sobrina  suya.  Tras este  episodio luctuoso decidió  fundar  una  institución benéfica en base  a sus profundas creencias cristianas  con  el importante patrimonio económico que  poseía,  con  el fin de  financiar  los estudios de  cien niños  nacidos  en las localidades con  las que  tuvo  una  especial  vinculación: Valdecuenca y Terriente.

Se crea así la fundación de San Nicolás de Bari (en principio  Asilo, después Colegio  en  la década de  los 60  del pasado siglo) con  el apoyo  del obispo  de  Teruel Juan Antón de la Fuente, mediante la compra el 18 de octubre de 1907  de una hacienda  de cinco yugadas y media  a don  Vicente Herrero Jarque y Emerenciana Marqués Unsain valorada  en 1.690 pesetas, mientras el coste de las instalaciones del colegio ascendió a 120.000 pesetas.

El 6 de diciembre de 1909  se inauguró el colegio  bajo la dirección del hermano Efrén junto  con 11 hermanos lasalianos.  Tras una breve  gestión muy cuestionada, a instancias  de  la fundadora estos  instructores fueron  sustituidos por  José de  Sedaví que  se convirtió  en el primer  director amigoniano (terciario  capuchino) del Asilo de San Nicolás de Bari. Cabe destacar posteriormente el período 1929-1935 bajo la dirección  del padre Jaime de Burgos. En este momento el colegio  acogía  a 125 alumnos internos y otros  150  externos.

Tomás García Soler aporta datos  del régimen interno del colegio:

…Una vez levantados, a las 5,30  horas  de  la mañana, acudían a la santa  misa en la capilla. Posteriormente tocaba el desayuno y el aseo.  Otra  clase cerraba el día, con el rezo del santo  rosario y la cena  a las 8 horas.  Había algunos ratos para el estudio, siempre en silencio, incluso los días festivos en algunas épocas antes de acostarse, pues  entonces privaba  mucho lo de “lección  dormida, lección sabida…

Tras la muerte de  la fundadora en  1936  se creó  un  patronato. En este  período de  la contienda civil el Asilo se convirtió  en improvisado hospital. Tras varios años de vicisitudes llega el apogeo en las décadas de los 50/60 cuando se supera  la cifra de  200  alumnos.  En los años  precedentes a 1970  se desarrolla  una  dilatada  crisis que  desemboca en la fusión del colegio  San Nicolás con  el Seminario  Las Viñas en 1978.

Con todo merecimiento Dolores Romero no sólo fue nombrada hija adoptiva de Teruel, sino que  su nombre apellida  una  calle y un barrio  en recuerdo de  su labor altruista  con  los más desfavorecidos.

El beato Florentín Pérez Romero

Nacido  en Valdecuenca el 14 de marzo  de 1902, ya huérfano ingresa  en el Asilo de  San Nicolás de  Bari. En 1928  es ordenado sacerdote en  Segorbe. Comienza su sacerdocio en  la escuela  de  reforma  Nuestra Señora  del Camino  de  Pamplona.

Durante el período  1930-1935 ejerce  su ministerio  en  Nuestra Señora  de  Monte Sión como  profesor  de música  y educador de niños.  Florentín  tenía  una  prodigiosa voz y era el encargado de organizar los cantos litúrgicos.

La guerra le sorprende en  la casa  noviciado de  San José de  Godella  (Valencia). Aunque  pudo refugiarse  por algún  tiempo, murió  en la localidad  de Benisanó  ante el pelotón de fusilamiento de los milicianos el 23 de agosto de 1936  junto  con otro gran  religioso  de nuestra sierra, el padre Urbano  Gil, de Bronchales. Ambos fueron beatificados por Juan Pablo II el 11 de marzo  de 2001. Un azulejo incrustado en la fachada de su casa natal  es fiel testimonio de su recuerdo.

EL DURO EPISODIO DE LA GUERRA CIVIL

Los primeros ecos de la guerra civil sorprenden a los pacíficos vecinos  de Valdecuenca el 24 de agosto de 1936  cuando abandonan sus casas ante  el avance  de una compañía republicana del brigada del Rosal que se instala en el municipio hasta  que fueron  rechazados el 31 de junio de 1937  por el comandante Fortes del ejército  sublevado.

Se refuerzan las posiciones con artillería pesada y ametralladoras en el Puntal Redondo y en el Puntal de Carrasco,  mientras los republicanos establecen un cinturón de  seguridad jalonado por  trincheras en  Muela  Mediana, La Celadilla,  el barranco del Valle, La Umbría,  Puntal  de las Cabras  y Peña la Cruz, cuyos vestigios todavía  se aprecian en particular en las cimas que  bordean el barranco Melero.  Entre tanto el alférez Mielgo  se encargaba de entretener a los niños  con  juegos  de guerra según relata  Tomás García:

… Los niños se fabricaban sus artesanas armas  de fuego.  Los palos se convertían en  pistolas  y escopetas, los botes  de  leche  condensada en  granadas de  mano, rellenadas de cenizas de los escombros del viejo horno. Los inocentes juegos  de guerra se convertían en un entusiasmo colectivo  por vencer  al enemigo, que terminaba por ser abatido o prisionero en algún  corral…

Pero estos  juegos  de  la guerra y una  aparente tranquilidad amenizada en  ocasiones  por  los músicos  de  Saldón  en  el baile de  la casa del tío Blas, convivían  con otras  duras  realidades como  le sucedió  a la tía Maximina  Alpuente  Abril que  fue abatida  por  una  bala  perdida  en  el portal  de  su casa  o Pascual  Tortajada  Romero que  falleció a consecuencia de la metralla  de una  bomba de mortero. Durante los años  de la contienda los vecinos de Valdecuenca tuvieron que  convivir con el ruido amenazante de ametralladoras e inesperados bombardeos por tierra y aire.

El capitán Ricardo San Martín

Valdecuenca siempre ha sido un  pueblo agradecido. Y esa sensación se respira por  cualquier rincón.  Una calle dedicada a San Martín  cobija bajo  su placa  un episodio  singular.  Este militar del bando sublevado dejó  una  profunda huella  durante su estancia durante la guerra civil desde su llegada  el 31 de  junio de  1937  con  el Batallón núm. 51.

… La tropa  compartía el rancho con la humilde población civil de Valdecuenca, medicinas, asistencia  sanitaria  y religiosa.  Hizo con  esa  actitud ganarse la simpatía  y el cariño  de  la población. Asimismo forma  grandes amistades personales…. La fotografía  fue su gran  pasión…  y logró  retratar con  su cámara escenas de la población civil…

Permaneció diez años durante la guerra de Marruecos. Héroe de guerra, participó en el desastre de Annual de 1921  y en el desembarco de Las Alhucemas,  donde fue herido  de gravedad. Tras el episodio de la guerra siguió visitando  con  frecuencia Valdecuenca, para charlar con sus amigos, para seguir alimentando las estrechas relaciones  personales que  tuvo.  Como  muestra de su afecto  regaló  una talla de San Nicolás  de  Bari. Como  si esta  tierra  no  quisiera  desprenderse de  su presencia,  en una  de  sus frecuentes visitas el destino hizo que  le sorprendiera la muerte en esta misma  población el 19 de agosto de 1980.

El Maquis

Algunos vecinos de Valdecuenca, como  pueblo de elevadas  convicciones, se alistaron  en el Maquis  por sus ideas republicanas, en particular la familia López Rodríguez.  Entre ellos, el tío Feliciano apodado “Isidro”. Algunos  fueron  miembros del campamento del Rodeno como  el tío Ramón “el abogado” y su hermano Manuel.

Quizás la trayectoria de Angelina “la Modista”, otra  hermana de la familia, desprende un poso  especial  al tratarse de una joven soltera  que  prestaba su apoyo  a la guerrilla.  Nunca se ha  abordado convenientemente el importante papel  que  desempeñó la mujer  en  ambos bandos. Fueron  heroínas silenciadas  y anónimas. Sin duda, la trayectoria de Angelina López Rodríguez lo ejemplifica.  A punto de ser detenida en Teruel con  el encargo de comprar una  cantidad apreciable de papel  para el periódico El Guerrillero, huyó  a Francia donde prestó apoyo  a sus correligionarios.

Heróica  fue,  por  otra  parte, la gesta  de  Victoriano Pradas  Martínez, alias “Negrín”,  enlace  y colaborador de  la guerrilla,  por  su valiente  intervención durante el asalto al campamento del Rodeno de 1947  por la Guardia  Civil donde participaron más de 3.000 efectivos.  A pesar  de poner en riesgo  su vida pudo dar aviso con antelación  a sus correligionarios del campamento por lo que  la mayoría  pudieron huir a tiempo. Aunque  fue herido, pudo escapar del cerco,  pero tras deambular por Dornaque y Jabaloyas fue capturado en Vallanca cuando se disponía a ser curado de sus heridas.

Otros  muchos sufrieron  vejación por sus ideales,  como  Matías Rodríguez Yagües y el tío Pedro  Yagües, el de la taberna. Tomás García en su libro da cumplida cuenta de todos ellos.

PATRIMONIO

Arquitectura civil

Aunque  apenas tres calles principales longitudinales atraviesan el casco  urbano de Valdecuenca, es aconsejable dar un paseo  tranquilo por el caserío  porque todavía conserva detalles  muy  interesantes de la arquitectura popular de la Sierra. Dice al respecto Félix Benito Martín:

…La imagen de  Valdecuenca ha llegado  a nosotros relativamente bien  conservada,  con  casas de un piso y ático,  o dos pisos, y fachadas de mampostería enjalbegada con  aleros de madera… aún  mantiene ciertos  rincones dignos de estima,   como   el  entorno de  la iglesia (Casa del tío Murciano, de Los Curruqueros, de los Jarque o Los Martos y Los Juanazos) o su propia  imagen exterior, donde las agrupaciones de los edificios forman una agradable estampa a la que  contribuye  la  bella  coloración de los tejados…

Destaca    el   caserón  de Los Ferranes o los Gómez adornada su fachada por un reloj de sol y por bellas muestras de  rejería,  una  de ellas  con  doble   coronación de cruz. Otras viviendas presentan portada de  grandes dovelas  de rodeno con  arco de  medio punto, rematada su cornisa  de  forma  sencilla y funcional. En una de las portadas, tal  vez  el edificio más antiguo, la casa de la tía Segunda, en  su dovela  superior  horizontal, aparece grabada la fecha:  AÑO 1660. La más antigua es la Casa de Los Monicos  datada en 1610. Destaca  por su arco de piedra  de rodeno. Otras viviendas reseñables son la Casa el Federal, la Casa de la tía Luisa, la Casa del Cura, de Los Chaparros y Los Catorros.

En otros casos se aprecian arcos ciegos realizados  con ladrillo, vanos ovalados  en las ventanas, restos  del encalado de  azulete  en ventanas y balcones e interesantes modelos de puertas que  todavía  rezuman sabor  antiguo.

Arquitectura religiosa

Destaca  la iglesia parroquial del siglo XVI bajo la advocación de San Nicolás. Algunos de sus hijos patrocinaron algunas capellanías: Juan de Campos (1672, capilla del Rosario), Domingo Pérez y Catalina  Gómez  Cordobés (virgen  de  Los Ángeles, 1551), Jaime Murciano (1600, Santiago y Santa  Quiteria).

La nave  está  cubierta con  bóveda gótica  de crucería  de nervios  combados. Coro a los pies con  antepecho de reja. Portada clásica con  arco  de medio punto. Todavía se conserva el muro  adosado que  fue el primitivo  cementerio. El oratorio con crucifijo de  hierro  presenta la inscripción  de  1736  grabada con  el nombre de  sus mecenas: Don Pedro  Romero y Doña  Franca González.  La torre  presenta dos cuerpos con  reloj circular.

La ermita  de  la Purísima Concepción es de  planta gótico-renacentista, de  nave única y cabecera poligonal, cubierta con bóveda de crucería  gótica. Coro alto a los pies. De una  sola nave  rectangular y fachada de sillar. La fachada presenta arco de medio punto y ventanales cegados. En los laterales  se aprecian los contrafuertes.

La de San Roque es de una sola nave con cabecera poligonal de estilo gótico-renacentista de comienzos del siglo XVII, cubierta con  bóvedas estrelladas.

FIESTAS

Antiguamente se celebraban el día 16 de septiembre. En la actualidad el segundo fin de semana de agosto. El primer  día de fiestas se lleva en procesión la imagen de San Nicolás y el Niño desde la iglesia hasta  la ermita  de la Purísima.   El Niño se deposita en la ermita  y se vuelve a la iglesia con  la Virgen para  al día siguiente en romería  devolver  cada  imagen a su lugar  de origen.

PAISAJE

Además  de una  densa  historia  y de un patrimonio arquitectónico de primer  nivel, Valdecuenca conjuga otros  valores ligados  a la naturaleza, hasta  tal punto que una  de sus señas  de identidad es sin duda el extenso sabinar  que  inunda su término. Muchos  de sus ejemplares son de porte arbóreo como  podemos apreciar  en Los Pozuelos,  Muela Corta,  Las Cerradillas y mosén Pedro.

En el año  2000  fueron  declarados LIC (Lugar de  Importancia Comunitaria) Los Sabinares de Saldón y Valdecuenca. Tienen una extensión de 9.217,54 has., que ocupa también parte  de los términos de Albarracín, Jabaloyas, Royuela y Terriente.

Las sabinas  albares  son reliquias del Terciario dado que  se desarrollan en suelos muy pobres y son capaces de soportar una climatología extrema. Los zorzales y mirlos, así como  otras  rapaces se alimentan de los frutos de las sabinas.  Estas aves junto con  el ganado ovino  son eficaces vectores  de dispersión de las sabinas por  cuanto se alimentan de sus frutos azules (gálbulos), diseminando a gran  distancia las semillas con  sus excrementos, favoreciendo así su regeneración natural.

Pero, además, los sabinares albares  han  favorecido el desarrollo  de prados adehesados ricos en  gramíneas y leguminosas que  han  condicionado la alimentación de los ganados. Por este  motivo, en el pasado la actividad pecuaria tuvo  una  gran importancia en Valdecuenca. Así lo demuestra el casi centenar de apriscos  pastoriles que  se han  localizado  en su reducido término.

Aunque  se han  diseñado varias rutas  senderistas (la ruta  del poblado, la del regajo…)  que  nos permiten disfrutar  del paisaje,  la vegetación, la fauna,  el frágil relieve calizo azotado por la erosión  del agua  fundamentalmente, que ha creado fuertes hendiduras en sus barrancos y en sus cultivos (dolinas),   proponemos al viajero, entre  otras,  una  ruta   sencilla a través del barranco Melero.

El barranco Melero

Se trata  de un itinerario  muy conocido por los senderistas. Los interesados pueden  consultar una mayor  amplitud de datos  técnicos en Google Maps. La ruta tiene aproximadamente unos  6 km.  de  distancia, sin ningún tipo  de  dificultad,  que  se puede realizar en menos de dos horas.  Época aconsejada: primavera y otoño.

Como  su nombre indica  el barranco Melero  hace  referencia a la miel, un  producto en el que  siglos atrás se especializaron los colmeneros de la Sierra. Iniciamos nuestro trayecto en la plaza  de la Fuente  en dirección al lavadero. Desde  aquí  giramos  a la izquierda y bajamos por  la senda  que  conecta en  el propio barranco Melero.

Un poco  antes  de la confluencia podemos ver a nuestra izquierda los restos  de un  colmenar de banquera  con  dos  hiladas  de  piedra, acostado sobre  un  roquedo que  le protege, hoy convertido en corraliza de ganado. Una vez incorporados giramos a la derecha siguiendo la trayectoria descendente del propio barranco. Los lugareños llaman  barranco del Valle a esta primera quebrada.

Pulse la imagen para ver el mapa interactivo

A través  del recorrido podremos apreciar  todo un  bosque de  sabinas  y la profunda  entalladura de los roquedos del propio barranco donde se aprecian sinclinales, crestas  rocosas,  que  han  soportado una  acción  erosiva  devastadora. Un panel localizado  en el itinerario  nos da una explicación sencilla y breve  de las virtudes  del recorrido. Encontraremos algunas especies  arbóreas que  conviven  con  la sabina: enebro, quejigos, carrascas,  pino laricio y silvestre, pero  también una gran  variedad de aves.

Un poco  más adelante a la izquierda unos  colmenares rupestres habilitados al aire libre se localizan en pequeñas oquedades, donde se colocaban las colmenas móviles de madera aprovechando las zonas  más soleadas  y abrigadas de los roquedos. El camino aunque amplio  es sinuoso.  Una vez pasado el Puntal  de Las Cabras  y El Puntal  del Tabernero llegamos al corral de Juan Marco,  lugar de confluencia con el barranco de  Zarzoso.  En todas  las cimas  que  nos  rodean se conservan las trincheras  que  formaban parte  de la línea de defensa de Peña La Cruz.

Encima de  este  aprisco  se aprecia  una  de  estas  secciones en un  estimable grado  de  conservación. Esta línea está  defendida por  parapeto de  piedra  seca.  Cada 25  metros aproximadamente hay  un  saliente  circular  defensivo  que  permite controlar minuciosamente los movimientos del enemigo a través de varios ángulos de observación, lo que  favorecía una  defensa más eficaz en caso de que  alguna de las líneas fuera desbordada.

En el centro de la planicie  del puntal se aprecian otros  restos  destinados probablemente a la intendencia (suministro de víveres) o como  polvorín.  Se localizan nidos  de  ametralladora en  los lugares  más  elevados  que  tienen un  mayor  horizonte visual desde donde se controlan las vías de comunicación. Las líneas de defensa se protegían con  la piedra  abundante de los alrededores, aunque no tuvimos  ocasión de ver estructuras de hormigón como  las que  se conservan en Terriente.

Volviendo desde el corral  de  Juan Marco  a la derecha en  sentido inverso  de  la rambla  llegamos al puente de la carretera tras dejar  a nuestra derecha los corrales de La Celadilla. Siguiendo la carretera en torno a un km tomaremos un desvío a la derecha que  tras pasar  La Majadilla y Los Centenares nos aproximará al Lavadero.

Otra  opción muy  recomendable, que  necesita una  mayor  preparación porque triplica la distancia y el tiempo en recorrerla, es girar a la izquierda en el corral de Juan Marco siguiendo el itinerario  del barranco de Valdecuenca hacia Bóveda en dirección  a Tormón  pasando por  Cerro  Mancho y Las Olivanas.  Es la senda  que  discurre  por  el cauce  del río Ebrón cuyo  nacimiento se localiza, según algunos autores, en el barranco de Valdecuenca.

Los lugares  elevados  de sus alrededores nos permiten disfrutar  de un   atrayente paisaje, de un tupido bosque de sabinas  y carrascas  que en más de una ocasión  nos desorientan. Quizás el más próximo y uno  de los más interesantes es el mirador de Santa  Bárbara  porque está  situado frente  a la localidad  y además nos  permite visualizar un nítido  enfoque de la ubicación de Saldón  resguardado por  El Cabezo  y de las vecinas tierras de Terriente. Un panel  explicativo  nos da cumplido detalle  del horizonte que  se abre  a nuestros ojos.

No acaban aquí las atalayas  privilegiadas  de Valdecuenca. La pista que  recorre  la Muela  desde los corrales  de mosén Pedro  hasta  el cerro  Carrasco  también se convierte en un mirador móvil de la fértil cañada de Mierla si optamos por no bajarnos del coche. O bien la vista privilegiada  que  se divisa desde el improvisado cerro centinela donde se hallan los restos del  poblado. Los Castillejos, Cerro Redondo, entre otros,  son otros nombres evocadores que  nos ofrecen  unas excelentes panorámicas sin obstáculos visuales.

La ausencia de cursos fluviales permanentes ha obligado a lo largo de la historia a crear una  amplia  red de pozos  y charcas, más de veinte,  que  circundan su término:  Pozuelo,  el tio Benigno,  Pantorras, Las Hoyas…,  quizás  el más  espectacular el pozo  de la Muela  Terriente  que  cuenta la tradición fue vendido este  paraje  a cambio de la construcción de la ermita  de la Purísima. Aunque  la actual  protección exterior  a dos  aguas  nos  confunde, se trata  de  un  pozo  circular construido con  piedras de sillería.

También se han  habilitado con  mucho mimo  áreas  recreativas para  disfrute   de cazadores, vecinos  y paseantes, en especial  los niños  disponen de una  amplia  zona de expansión. Dotados con todo lo necesario (refugio,  fogones, mesas,  arbolado…) para  degustar una  buena comida con  la familia, con  los amigos, quizás  el refugio del Regajo situado al lado de la rambla  de Zarzoso  sea el más emblemático.

Otro  albergue está  situado en la orilla derecha de la carretera de Jabaloyas junto a la charca  en el cruce  que  se desvía  en dirección al Regajo. En otras  ocasiones la proximidad de un refugio ha permitido rehabilitar un espacio  que forma parte  de su patrimonio industrial  como  la tejería,  donde aún  se aprecian los restos  de la bóveda  de su horno que  en su día abastecía de teja y ladrillo a los vecinos.

Aunque  todavía  permanece virgen  porque no ha sufrido la intervención humana,  el entorno del molino  me  sedujo  la primera vez que  lo vi hace  unos  años.  Se trata  de un espacio  intacto, no intervenido por  la acción  humana, que  soporta un agradable microclima en  la profundidad del barranco donde está  ubicado. En sus aledaños aún se aprecian las terrazas  de las eras y los cultivos centenarios que la erosión y el desuso  va devorando poco  a poco  de forma  inexorable.

Los restos  del molino,  con  su canal  cercano, aún  conservan entre  una  impenetrable  maleza  los restos  de  su portada circular construida con  grandes bloques de piedra  de rodeno. La inscripción  de 1767  delata  la antigüedad del esplendor de su pasado cuando Valdecuenca alcanzó  una  de las puntas demográficas más elevadas de su historia.

Aquí se localizan  a su vez interesantes modelos de  apriscos  pastoriles  como  el corral de la Cueva El Regajo o el corral del Barranco  del Lino, adosados a la base de la pared vertical rocosa  que  se aprovecha como  muro  protector de vientos  y aguas, pero  que  el devenir  de  los tiempos los ha convertido en un lugar  peligroso pródigo en desprendimientos por la elevada  acción  erosiva de la zona.  Por otra parte, no olviden visitar los alrededores de la cueva del Racionero, un profundo meandro producido por la erosión  de las aguas  que  desembocan en la explanada de Bóveda.  Si tienen suerte  igual divisan algún  ejemplar de cabra  hispánica.

Hoy Valdecuenca mira con optimismo al futuro.  La mejora  de los accesos  por carretera  pronto será  una  soñada realidad. Los servicios  que  prestan los establecimientos hoteleros de La Posada  del Horno y la Hospedería El Zorzal elevan  la oferta turística,  muy  por  encima de  las posibilidades de  una  población de  su tamaño. Un pequeño museo instalado en  las antiguas escuelas  nos  ofrece  una  variada  exposición  de útiles de labranza y una  interesante muestra de fósiles del entorno.

Por otra  parte, una  rica historia  recuperada del polvo  del olvido por  su cronista Tomás  García Soler, el paisaje  dominado por  su extenso sabinar,  esa seña  de identidad  determinante de  su idiosincrasia,  el patrimonio natural  y arquitectónico que han  restaurado con  sumo  mimo  (las ermitas  en particular), la armonía que  todavía desprenden los muros  de sus casas…

Con  estos  mimbres Valdecuenca puede presumir de  ser una  de  las localidades menos degradadas de la Sierra de Albarracín. Todavía mantiene entre  el trazado de sus calles la esencia  de un pueblo ganadero que lo fue en el pasado y mantiene una perfecta simbiosis con  el paisaje.

Todos  estos  elementos deberían fundirse  con  la relevancia  arqueológica de  su poblado y proyectando la huella  que  todavía  ofrecen  las heridas  visuales del prolongado trazado de  sus trincheras, fiel testimonio de  una  trágica  historia  que  sufrieron en silencio sus habitantes y que  es preciso  sacar a la luz. Sin duda, las huellas defensivas  de  la guerra civil pueden ser un  reclamo turístico  por  explotar, elementos no le faltan.  Basta con  analizar experiencias ya desarrolladas al respecto.

Pero también es hora  de hacer  justicia, escrita  con  mayúsculas para  que  se lea, de aquellas  personas que en su quehacer diario han dado lo mejor de sí mismos  por su pueblo. Afortunadamente muchos ejemplos se prodigan en la Sierra de Albarracín. Gran parte  de estos logros  que  hemos resumido, aunque sin duda muchos habrán  quedado en el tintero, se lo deben los vecinos  de Valdecuenca a Arturo Marco Benedicto, hasta  hace  unos  días su alcalde  más fecundo, quien  durante más de tres décadas al frente  de la dirección del consistorio ha trazado con claridad  de ideas, el acertado rumbo que  ha emprendido esta localidad.

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Con este  pequeño reportaje y en el momento que  además consideramos preciso,  el CECAL pretende rendir  un  merecido homenaje a Arturo  Marco  Benedicto, cuando por decisión  personal deja el consistorio para prestar una mayor  atención a su familia y a sus quehaceres profesionales, pues  sin duda las tareas  municipales le habrán robado un tiempo precioso durante estas  décadas, por  las generosas energías que  ha consumido durante muchos años  de forma  desinteresada en pro de la conservación del patrimonio natural  y la arquitectura popular de Valdecuenca, hasta tal punto que  Valdecuenca hoy no se puede entender sin la impronta que  ha dejado este  gran  regidor municipal.

NOTAS

(1) Historia de Albarracín, reed. CECAL, José Luis Castán, coord., Teruel, 2011, pp. 477-481.

(2) En revista Rehalda, núm. 14, CECAL, 2011, pp. 47-52.
(3) Iconografía hispana, 1966.

 

 

DESCARGAS

Vadecuenca: entre sabinares y trincheras, Rehalda # 22 (Doc. pdf.)

GALERÍA DE IMÁGENES

Autor: Manuel Matas

Miembro de la Junta Directiva de CECAL

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