Reproducimos a continuación un artículo de Luis Rajadel publicado en el diario Heraldo de Aragón el domingo 10 de mayo de 2026 que versa sobre el regreso de Mariela Martínez Yagües a Jabaloyas, siguiendo el camino inverso de su abuelo emigrante, pone rostro humano a un fenómeno histórico estudiado por Raúl Ibáñez Hervás: la emigración de centenares de serranos hacia América en el primer tercio del siglo XX y la pervivencia de sus raíces un siglo después.»
Mariela Martínez acaba de estrenar su nueva casa a pocos pasos de donde nació su antepasado Eduardo Yagües, que llegó a México en 1927
La empresaria mexicana Mariela Martínez Yagües acaba de hacer realidad un sueño al estrenar su nueva casa en Jabaloyas, el pueblo del que, hace un siglo, emigró su abuelo materno, Eduardo Yagües, para hacer fortuna en México como ganadero. Mariela, que desde niña escuchó hablar a Eduardo de su pueblo natal, decidió hace dos años dejar su negocio inmobiliario familiar para asentarse en el corazón de la Sierra de Albarracín. Ha cambiado el bullicio y el clima cálido de Tijuana (Baja California), una ciudad con 1,8 millones de habitantes, por la soledad y el frío invernal de un municipio de 66 vecinos.
La mexicana, de 6l años, muestra orgullosa la casa de dos plantas que ha reformado y diseñado personalmente, aunque se lamenta de que le ha costado mucho más tiempo del previsto, sobre todo por la falta de mano de obra en los oficios relacionados con la construcción. «Me dijeron que iba a tardar cuatro meses, pero he pasado más de un año en obras», se lamenta. Aparte de las fotos familiares del interior, la única nota mexicana de la vivienda es el rosario de colibríes multicolores colgado junto a la puerta de entrada de la casa, un edificio tradicional de dos plantas con paredes de mampostería y tejado a dos aguas.
Cuenta que decidió dar un vuelco a su vida y establecerse en Jabaloyas tras quedarse sola en su casa de México cuando los hijos y los nietos se hicieron mayores y abandonaron el hogar. «No quiero ser la abuela que está en casa esperando a que vengan sus descendientes para hacerles la comida», cuenta. Pero la raíz de esta decisión está en los relatos de Eduardo Yagües sobre su vida en Teruel. «En casa, siempre se hablaba de Jabaloyas y el abuelo nos explicaba cómo había salido de allí con 19 años, se refería a su familia y a lo dura que era la vida entonces», recuerda.
El padre de Eduardo Yagües había emigrado también en dos ocasiones a Norteamérica, en su caso a los Estados Unidos, donde trabajó en las minas de cobre de Bingham Canyon, en el estado de Utah. Mariela explica que su bisabuelo le decía a su abuelo que, si emigraba, «no trabajara de minero, porque él regresó enfermo».
En 1927, Eduardo Yagües viajó en una primera etapa desde España a Cuba, donde permaneció dos años, para después dar el salto a México y empezar a trabajar como pastor. No fue un caso aislado porque en el primer tercio del siglo XX 130 vecinos de Jabaloyas emigraron a Norteamérica, un fenómeno migratorio investigado por el historiador Raúl Ibáñez y que se extendió por toda la provincia. Eduardo hizo fortuna como ganadero de ovino y compró fincas y numerosas propiedades que ahora, con sus rentas, son la principal fuente de ingresos de la nieta asentada en el pueblo que le vio nacer.
Mariela Martínez visitó en varias ocasiones Jabaloyas antes de decidir fijar aquí su residencia. La primera vez llegó con 14 años. En 2024, cuando decidió cambiar de vida, los recuerdos de estas visitas pesaron a la hora de decidir el destino. «Recorrí casi toda España, desde Cádiz a Barcelona. Cuando vine a Jabaloyas, empecé a ver letreros de casas en venta y me dije: Aquí está mi sitio», relata.
En sus dos años de residencia turolense -el primero en un apartamento alquilado al Ayuntamiento- lleva «bien» la separación de su familia, que reside a 10.000 kilómetros, salvo una hermana que vive en Madrid y que la visita al menos una vez al mes. También llegan, esporádicamente, sus tres hijos y otros familiares. Para los momentos de nostalgia están, además, «las video-llamadas» y, cada año, hace un viaje a México.
No le incomoda vivir en un pueblo minúsculo y alejado de las grandes poblaciones y vías de comunicación. Al contrario. «A veces echo de menos a mi familia, pero estoy aquí tranquila y en paz», asegura. Recuerda que en su primer invierno en Jabaloyas el vecindario se limitó a 14 personas, pero, aún así, asegura que le gusta «más el invierno que el verano», cuando la población se anima con la llegada de los veraneantes. Además, el vecindario la ha recibido «muy bien».
Llegan más mexicanos
Pero no va a ser la única mexicana de Jabaloyas por mucho tiempo. Su hijo, que trabaja en los Estados Unidos, ahorra ya para trasladarse a la localidad turolense en los próximos años para asentarse y «criar aquí a su hijo». «Quiere vivir en el campo y en un lugar tranquilo», cuenta la mexicana. El trabajo online puede ser una alternativa laboral.
Además, Mariela tiene planes para Jabaloyas. Ha comprado un solar y dos viviendas deshabitadas, una de ellas contigua a la casa donde, hace un siglo, nació su abuelo para, 19 años después, hacer las maletas en busca del sueño americano.