CECAL

| Centro de Estudios de la Comunidad de Albarracín

En torno a Rehalda

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JOSÉ MANUEL VILAR PACHECO[1]En torno a Rehalda |REHALDA Número 1, Año 2005.

Con esta voz tradicional de la Sierra o Comunidad de Albarracín, también presente en algunas zonas cercanas[2], se ha designado la repisa o vasar en torno a la campana de la chimenea. Derivada de halda “regazo o enfaldo de la saya”[3], con la que se conoce también a esta repisa en otras partes de Aragón[4], se aplica al vasar por extensión metafórica y prefijación de carácter vulgar sin alterar semánticamente la voz primitiva. En ocasiones pasa a designar también toda la campana de la chimenea; así la registra Vila Valentí (1952) en la Sierra (“campana que cubre todo el vuelo del extrafuego”)[5] . No resulta nada extraño en la terminología del medio rural la imprecisión de significados y la variedad de formas para la misma realidad.

La rehalda (o rihalda, como también se pronuncia habitualmente)[6] forma parte de la arquitectura popular serrana, del hogar y del fuego en torno al cual se tejieron leyendas y conjuros. Fue el regazo que acogió la oralidad y la fantasía,  la conversación sosegada, las ilusiones y las desdichas de las gentes de la Sierra. La palabra rehalda queda enquistada en la memoria al desaparecer estos regazos de las cocinas antiguas como lo hacen muchos elementos propios de la arquitectura tradicional. Como señala A. Almagro «la arquitectura tradicional, que albergó la vida de las gentes de la Sierra durante siglos, y las estructuras urbanas que fueron el marco de sus actividades  y relaciones sociales, han sufrido  tan hondas transformaciones que resultan ya en muchos casos difíciles de comprender y de utilizar hoy por sus escasos pobladores»[7]. En torno al fuego ha discurrido gran parte de la vida familiar en la Sierra, resguardándola de la larga noche invernal, cobijando palabras y sueños. Ya el escritor costumbrista M. Polo y Peirolón elogia el fuego y el recinto del hogar de las casas serranas en su obra Matrimonio Civil o Sacramento y concubinato (1890), sin renunciar a su exacerbado rigor tradicionalista:

«En aquellos montes, el hogar es el foco calorífero material y moral de la familia. En torno a la lumbre se congregan a todas horas y casi en todo tiempo los moradores de la casa, para satisfacer sus necesidades corporales y espirituales. En la cocina se cuece y sazona el alimento de racionales y animales, en la cocina almuerzan, comen y cenan aquellos y viven los más sociales de estos, como los perros y los gatos; en la cocina se matan todas las molestias de la intemperie, que en los climas fríos como el de aquella Sierra no son pocas; en la cocina se celebran todas las reuniones domésticas y se conmemoran todos los faustos acontecimientos familiares; en la cocina se reciben las visitas y se conversa largamente con los amigos; en la cocina se practica la verdadera democracia cristiana, mezclándose y confundiéndose en conversaciones y pasatiempos, amos y criados, hombres y mujeres, niños y viejos; en la cocina se trabaja, se lee, se cuentan historias y se reza; y en la cocina, para decirlo de una vez, está concentrado el hogar, y en el hogar la familia»[8]

Forma parte rehalda del patrimonio lingüístico y cultural de nuestra comunidad, junto a otras voces como arbollón, maita, escañeto, peladera o matador. Voces y objetos para la memoria, para la noche y el fuego.

De hecho, la noche y el fuego han acogido las palabras del ser humano, sus sueños y deseos. Las palabras por encima de todo ha sido vida y han tenido vida propia, han nutrido el diálogo y la conversación,  han sido conocimiento del mundo, de lo otro y de los demás, aquello que trasvasaba su interior. Por eso, antes de guardar estas viejas voces en la cambra de la memoria, dejemos que vivan un momento encandiladas al calor del fuego, un instante todavía en la noche de la Sierra. El escritor leonés Luis Mateo Díez, en torno a la noche y la narración, alaba la complicidad de la fabulación como recurso para hacer más perdurables las noches y las palabras[9]. En torno a esta relhalda esperamos cobijar nuestras voces y nuestra memoria, el patrimonio cultural de esta comunidad serrana. De ahí el carácter emblemático de  rehalda al que se acoge nuestra revista.

Rehalda-dibujo


[1] Filólogo. Dirección: vilarpac©maptel.es

[2] El diccionario de R. Andolz (Diccionario Aragonés, Zaragoza, Librería General, 1977) la registra en Albarracín y en Alcalá de la Selva; J. L. Calero la recoge en la serranía conquense (El hablo  de Cuenca y su serranía, Cuenca, Diputación Provincial de Cuenca, 1981). Por su parte el ALEANR la registra en la Sierra de Albarracín, así como en las localidades turolenses de Torrijo del Campo, Santa Eulalia, Visiedo, Alfambra, Riodeva, Tronchón, Fortanete, Olba, Manzanera y Alcalá de la Selva; también en la conquense de Valdemeca y en las valencianas de Ademuz y Titaguas CM. Alvat; con la colaboración &Tomás Eluesa, A Llorente y E. Alvar, Atlas Lingüístico Etnográfico de Ancla Navarra y Floja, Madrid-Zaragoza, CSIC, Institución «Fernando el Católico», 1979-1983:ti& mapa 826),

Otras respuestas dadas en Aragón, Navarra y Rioja e asta pregunta fueron las de vasera, vasar. aparador, repisa, cornisa, levante, cancel, ara, cuadro o rinconera. Sobre todas estas formas. Véase R. M” Castafier Martín (Estudio del léxico  de la caso en Arimóri, Navarra y Rioja, Zaragoza. Diputación General de Aragón, 1990, p. 227), Se constata Igualmente esta forma en localidades turolenses corno Calla o Rubielos de Mora (Léxico de Celia, Teruel, Asociación para la Formación de Personas Adultas «Aula Cella Cultural», 1990; y J. Gorriz, «Bozes aragonesas bibas en Rubielos de Mora», Ruxioda, 33, 2000, pp. I 1 -23).

[3] Con este significado la Academia registra esta forma como propia de Aragón, Salamanca yVizcaya. Relacionada con falda. Otro sentido más general es el de ‘harpillera grande con que se envuelven y empacan algunos géneros; como el algodón y la paja (DRAE).

[4] El ALEANR (tomo VI, mapa 826) registra halda como “vasar en torno a la chimenea” en las localidades de Las Pedrosas (Z) y en Villar del Saz (Te). Las formas halda y falda se registran también en localidades oscenses como “campana de la chimenea” (ALEANR,VI, 825). Así mismo, Andolz.

[5] J. Vila Valentí, «El paisaje humano en la sierra de Albarracín», Teruel, 7, 1952, pp. 25-94.

[6] La pronunciación [Halda] se debe a la tendencia antihiática del español de Aragón, y en general a la de todo el ámbito hispánico. Esta solución consiste en el cierre de la vocal e en i, evitando así la pronunciación de dos vocales en hiato. Una de las causas del rechazo del hiato radica en un principio de economía la pronunciación de una secuencia con hiato requiere un mayor gasto de aire que la pronunciación con diptongo (A. Quilis, Tratado de fonología y fonética españolas, Madrid, Gredos, 1999, pp. 189-191).

[7] A. Almagro Gorbea «El patrimonio urbano y arquitectónico de la Sierra de Albarracín», en Segundas  Jornadas sobre Patrimonio Arquitectónico Turolense, Albarracín, Escuela Taller Ciudad de Albarracín, 1993, pp. 65-79 (p. 67).

[8] M. Polo y Peirolón, Matrimonio Civil o Sacramento y concubinato; novela original de costumbres contemporáneas, Valencia, 1884, p. 182 (reeditada en Zaragoza, Editorial Mira, 2000). Ya el título de su novela es harto expresivo de su tendencia conservadora; en esta novela serrana de costumbres ambientada en la Fuente del Berro y en Calomarde elogia en diversas ocasiones el simbolismo que encierra la cocina y el hogar:

[9] Luis Mateo Díez, Relato de Babia, Madrid, Espasa-Calpe, 1991, p. 35.

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Autor: Manuel Matas

Miembro de la Junta Directiva de CECAL

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