Para conmemorar el 5º aniversario de la ausencia de José Manuel Vilar, ofrecemos a continuación un artículo señalando algunas de sus extraordinarias contribuciones al Centro de Estudios de la Comunidad de Albarracín como miembro de su Junta Directiva y destacado autor de publicaciones desde 2005 hasta el 2021, como editor de la revista Rehalda desde 2014 y como su Presidente desde 2019 hasta 2021.
En concreto querremos resaltar sus artículos de filología que él reflejaba en una sección denominada «La cambra de las palabras» para ello reproducimos el primer artículo de Elena Albesa Pedrola que se encargó de la edición de la revista a partir de la falta de José Manuel y hace una referencia de esta sección y de su obra. Para finalizar reflejamos todos sus artículos de esta sección que publicó José Manuel Vilar desde 2005.
La cambra de las palabras
Elena Albesa Pedrola, Rehalda nº 26 | primer trimestre de 2022
La Rehalda no puede continuar sin aquella sección que José Manuel Vilar Pacheco inauguró en el primer número de la revista y que dedicó a una de sus grandes pasiones: las palabras, las formas de decir, la tradición lexicalizada. Como no podía ser de otra manera, “La cambra de las palabras” comenzó con un pequeño estudio sobre la voz rehalda, pero a lo largo de 33 números más de esta revista, José Manuel prestó atención a otras palabras como maita ‘fresa’, alcarreño ‘licor alcarreño’, ‘búho’, calvo o carbo ‘cárabo’, picaraza ‘urraca’, escalambrujo ‘escaramujo’, sanantona ‘mariquita’, caminos de carne ‘caminos que miden entre 25 y 50 varas’, entre otras muchas. Otras “cambras” estuvieron dedicadas a la toponimia de la sierra de Albarracín, a la creación léxica con fines estilísticos o propagandísticos (esos divertidísimos abroncholzar y albaracinarse), a los apodos o seudonombres, y también a algunas dudas y curiosidades como endrinar vs endrinal, Pino de la H vs Pino de la h, o el famoso Rodenas vs Ródenas -que retoma en este número de la Rehalda su compañero y amigo Xaverio Ballester-.
En 2008 vio la luz su libro Léxico y cultura popular de la Sierra de Albarracín, que era el resultado de una minuciosa investigación con trabajo de campo e indagación bibliográfica para obtener el título de Doctor en Filología Hispánica. Dicha tesis estuvo codirigida por Antonio Briz, catedrático de la Universidad de Valencia y especialista en pragmática y en español coloquial, y por José M.ª Enguita, catedrático de la Universidad de Zaragoza y especialista en filología aragonesa (tanto en su vertiente medieval como de las hablas vivas). Vilar supo conjugar lo mejor de ambos ámbitos. En este estudio, José Manuel tomó la idea de Alvar del “microcosmos lingüístico” y lo aplicó a la Sierra, pues “sabemos que la lengua no es una realidad monolítica e invariable, sino heterogénea y dinámica; el concepto de variación es un universal del funcionamiento de las lenguas que habrá que considerar en la caracterización del habla de la Sierra, y concretamente en su léxico” (Vilar, 2008: 17). Si seguimos esta idea podemos entender claramente cómo es posible que en Aragón, aun cuando nuestro vehículo de comunicación es el castellano, usemos ciertas palabras o voces que no son conocidas en el resto del territorio español, mucho menos en otros países de habla hispana. Son lo que se denomina habitualmente como aragonesismos, o voces propias del castellano de Aragón. Sin embargo, y tal como decía Vilar, también puede aplicarse a un espacio geográfico mucho más reducido, y así es posible observar cómo ciertas palabras habituales en la Sierra de Albarracín no lo son en el Pirineo aragonés, en Zaragoza o en el Bajo Aragón, por ejemplo.
Haciendo uso del “Vocabulario” que confeccionó José Manuel Vilar para el libro que se acaba de mencionar, vamos a extraer algunos ejemplos de estos aragonesismos. Podríamos incluir en este grupo algunas voces bien conocidas y repetidas en obras de divulgación, prensa, radio y televisión como ababol, panizo, cardelina, pozal, boira, reblar, esbarizaculos… Pero también podemos incluir aquí otras voces que no son tan conocidas y que muchas veces no son vistas como “propias de Aragón”, sino que los hablantes las tienen como generales. Es el caso, por ejemplo, de florada ‘floración y tiempo que dura la floración’; también enrunar ‘cubrir algo con escombros o tierra’ y ‘construir o solar con casquijo o escombros’; pajuzo ‘paja podrida’ o ‘paja muy menuda que se deja en la era y se emplea como abono’; y bisalto ‘guisante molla, tirabeque’. Estas cuatro voces aparecen en el Diccionario de la Lengua Española (DLE) con esa marca Ar. que significa ‘aragonesismo’.
Otras voces, aun teniendo gran dispersión en la comunidad aragonesa, aparecen en ella bajo distintas formas, es decir, tienen muchas variantes. Es el caso de cuchareta ‘renacuajo’, de donde procede el seudogentilicio de los habitantes de Royuela, cucharetos, ya mencionado por Vilar (2008: 121). Gracias al Diccionario Diferencial del Español de Aragón (DDEAR) -que está en elaboración a cargo de varios investigadores de la Universidad de Zaragoza- (Arnal y Lagüéns, 2012) sabemos que esta palabra es conocida en zonas del oeste de Teruel como Albarracín, Alfambra, Villar del Cobo, Nogueras, Ferreruela, Barrachina, Visiedo, Noguera, Cedrillas, Masegoso, Riodeva; en zonas del este de Teruel como Blesa, Calanda, Montalbán, Puertomingalvo, Sarrión, Estercuel, Mas de las Matas, Bordón, Aliaga, Tronchón, Fortanete, La Iglesuela del Cid, Alcalá, Manzanera, Arcos de las Salinas, Olba; y también en algunos núcleos de las provincias de Zaragoza y de Huesca como las Cinco Villas, Oseja, Mallén, Paniza, Used, Moyuela, Binéfar y Huesca. Otras variantes de esta voz son: cucharón, cullarata, cullaratón, cullareta, cullarón y gucharón. Además, es posible reconocer otros sinónimos, es decir, otras maneras de llamar al renacuajo en Aragón, como barbo, cabezudo, codón, collarot, cuco, pachareta, perje, ranueco, rapillo y saramugo.
Por otro lado, y como ya se ha dicho, también existen voces que se circunscriben a la Sierra de Albarracín y, en este sentido, a veces son compartidas con zonas limítrofes, como pueblos vecinos de otras provincias, como Castellón o Valencia. Esto demuestra que la lengua no entienda de fronteras políticas. Dentro de este grupo podemos mencionar rebollonero ‘comprador de rebollones o de otras setas’ y ‘persona aficionada a las setas’ y abarrer ‘roer’ (que en otras partes de Aragón es rader). También entran dentro de este grupo algunos compuestos específicos para designar al azafrán silvestre como espantaturistas, despideveraneantes y ablentapastores. Tal y como afirma Vilar (2008), los dos primeros se han creado en base a la idea de la época de su floración, es decir, cuando termina el verano, cuando se van los turistas y veraneantes de la Sierra; el último se relaciona con la idea de la trashumancia de los pastores, la misma época que la referenciada en los otros dos compuestos.
A sabiendas de que esta sección “La cambra de las palabras” no será lo mismo a partir de ahora, sirva esta continuación como pequeño homenaje al insigne FILÓLOGO. Así, con mayúscula, pues esta palabra tiene en José Manuel Vilar todo el sentido etimológico: ‘amigo de las palabras’.
Bibliografía
– Arnal Purroy, M.ª Luisa y Vicente Lagüéns Gracia. 2012. «Léxico diferencial e historia: a propósito del Diccionario diferencial del español de Aragón (DDEAR)», en E. Montero (ed.), Actas del VIII Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española, vol. II, Santiago de Compostela: Meubook, 1219-1236.
– DDEAR: Arnal, M.ª Luisa (coord.), Rosa M.ª Castañer, José M.ª Enguita, Vicente Lagüéns, José Antonio Saura, Demelsa Ortiz y Elena Albesa: Diccionario Diferencial del Español de Aragón, en elaboración.
– Vilar Pacheco, José Manuel. 2008. Léxico y cultura popular de la Sierra de Albarracín, Tramacastilla (Teruel): Centro de Estudios de la Comunidad de Albarracín.